Wicked Leather: quemarlo todo, empezar de cero y encontrar la propia voz

Wicked Leather no se presentan como una banda que busca encajar en una escena o seguir una fórmula segura. Su música se percibe antes de comprenderse: como una tensión suspendida en el aire, una atmósfera que atrae y alerta al mismo tiempo. Season of the Witch, su álbum debut, funciona como una declaración de principios donde la intuición, el riesgo y la honestidad creativa pesan más que cualquier expectativa externa.
Formados en Barcelona, en un entorno profundamente cosmopolita, Wicked Leather canalizan influencias diversas en un sonido oscuro, teatral y visceral. Aquí las canciones no siempre se construyen: a veces se invocan. La banda habla de rituales, de dejar el control, de aceptar el caos creativo y de no tener miedo a romper reglas —ni siquiera las propias.
En esta entrevista, Wicked Leather reflexionan sobre identidad, autenticidad, miedos internos, alergias inesperadas en el estudio, decisiones radicales y la necesidad de quemarlo todo para empezar de nuevo. Un recorrido honesto por el lado más humano y menos domesticado del heavy metal.
Si Wicked Leather no fuera un proyecto musical, sino un fenómeno casi inexplicable, ¿cómo se lo describiríais a alguien que nunca ha escuchado heavy metal, pero que sí sabe percibir atmósferas? ¿Qué sentiría antes incluso de entender el sonido?
Sentiría tensión en el aire. Algo denso, eléctrico, como cuando sabes que una tormenta está por caer pero todavía no escuchas el trueno. Wicked Leather se percibe antes de entenderse: peligro, atracción, y curiosidad.
Durante la creación de Season of the Witch hubo momentos en los que una canción dejó de ser simplemente una composición y empezó a comportarse como algo autónomo, con carácter propio. ¿Cuál de los temas os dio más la sensación de estar «vivo» y por qué?
Con Season of the Witch entendí que no podía imponer nada. Tuve que entrar de lleno en el papel de la bruja, bajar la guardia y dejar que la canción me posea. Las risas, los gritos, el estribillo en un registro más alto… lo intenté de todas las maneras posibles y nada funcionaba. Hasta que dejé de forzar y simplemente escuché. En ese momento, la canción tomó el control y me llevó exactamente donde quería ir.
Black Goat fue una experiencia todavía más ritual. La letra apareció en el estudio casi como una invocación, cuando dejé de pensar y me permití ser ese personaje oscuro sin filtros. No fue un proceso racional: fue dejar que la atmósfera hablara. Ahí entendí que algunas canciones no se escriben ni se pulen… se canalizan. Y cuando llegan, más vale no discutirles.
Habéis hablado del peso de los sueños, las visiones y ciertos miedos internos en vuestra música. Si pudierais extraer un único sonido, imagen o emoción directamente de una pesadilla y convertirlo en un riff, ¿cómo sería?
Memorable pegadizo y lleno de tension, Como una puerta que se abre sola en un sueño y sabes que no deberías cruzarla… pero lo haces igual.
España —y especialmente Barcelona— es un lugar de contrastes muy marcados. ¿Creéis que vuestra música habría sonado diferente si Wicked Leather hubiese nacido en otro país? ¿Hay algo en vuestro sonido que solo podría haber surgido aquí?
Creo que Barcelona tiene algo especial: es una ciudad profundamente cosmopolita, y ahí está parte de la magia. Wicked Leather suena así porque somos personas muy distintas, con orígenes, culturas y formas de entender el el heavy metal diferentes. Cada uno trae influencias de lugares y escenas distintas, y todo eso se mezcla aquí. No es solo el país, es el cruce constante de ideas, estilos y personalidades. Ese choque es lo que termina dando carácter a la banda.
Mirando hacia atrás, ¿qué rasgo personal o creativo sentís que más ha cambiado en vosotros desde los primeros pasos de la banda hasta hoy, y en qué parte de la música se nota con mayor claridad?
Hoy ya no damos pasos en falso. Sabemos quienes somos, lo que queremos, lo reconocemos cuando aparece y lo tomamos sin miedo. Eso se nota en la música, en cómo decidimos, en cómo dejamos respirar las canciones y en cómo confiamos en nuestra identidad.
El metal siempre ha caminado entre la fidelidad a sus raíces y la necesidad de transformación. En un contexto donde la industria cambia tan rápido, ¿qué significa hoy para vosotros ser auténticos?
Para nosotros ser auténticos es no disfrazar las cosas. Esto no es pop vestido de metal: es metal.
No tenemos miedo de romper una fórmula, aunque hoy el heavy tradicional muchas veces se trate como una receta segura. Pensar fuera de la caja no es una pose, es una necesidad.
Mucha gente tiene miedo de no encajar, de salirse de la fórmula, de dar cringe. A nosotros no. No me da miedo ser cringe. Esto es lo que soy, esto es lo que somos, y ya.
Al final no hay una fórmula mágica. Hay actitud, convicción… y pelotas.
Contadnos una historia extraña, incómoda o incluso absurda relacionada con Wicked Leather que nunca haya llegado a una entrevista: algo que solo ocurrió una vez, pero que recordáis con especial nitidez.
Uff… durante las grabacion confirmé una vez más que soy alérgica a todo, literalmente. Terminé de grabar las voces y le dije a Michel, el guitarrista: «Llevame al hospital». Él me miró y me dijo: «Nah, estás bien». Yo le repetí: «No, en serio. Llevame al hospital».
Cuando llegamos, tenía la garganta prácticamente cerrada por una reacción alérgica. Me dieron corticoides por vía intravenosa y terminé internada.
¿Lo mejor de todo? Ya había terminado de grabar las voces. Así que sí, primero se graba el disco… y después, si queda tiempo, se va a urgencias. Prioridades.
Durante el proceso creativo, ¿cuál ha sido el experimento artístico o musical más radical que habéis probado con una canción de Wicked Leather? ¿Qué aprendisteis de ese intento, incluso si no llegó a publicarse?
Creo que la canción donde más experimentamos fue Masquerade of Shadows. Ahí realmente no hay ninguna estructura ni patrón fijo. Queríamos contar una historia, y esa historia tenía que reflejarse en la música. Es el cuento La máscara de la muerte roja de Poe, pero con un guiño a la película de Roger Corman, porque amamos el cine y nos gusta que todo tenga un toque visual y teatral.
Aprendimos que a veces hay que dejar que la música fluya como un relato, sin reglas estrictas del genero y confiar en que la atmósfera y la emoción lleven la canción a donde debe ir. No siempre sale «fácil», pero cuando funciona, es completamente único.
¿Ha habido alguna reacción del público —en directo o fuera del escenario— que os haya obligado a replantearos una canción, su energía o su mensaje?
Si, habia una cancion Midnight Creature que parecia que aburria o adormecia al publico asi que la modificamos y la grabamos con cambios y ahora a la gente le encanta basicamente fue cambiar ritmos tempos y hacerla mas viva.
Antes de subir al escenario, muchos músicos desarrollan pequeños rituales casi inconscientes. Si tuvierais que definir el vuestro en tres gestos esenciales, ¿cuáles serían y qué os aportan mentalmente?
Primero, siempre hay una cerveza cerca: ayuda a relajarnos, desinhibirnos un poco y recordar que estamos ahí para disfrutar, no solo para tocar.
Segundo, el choque de puños cerrado: nuestro ritual infalible de amistad. Pase lo que pase, sabemos que estamos todos para uno y uno para todos.
Y tercero, un momento de silencio antes de subir: nos miramos, respiramos profundo y nos concentramos en la música que vamos a dar. Es como decirnos a nosotros mismos «ok, ahora todo lo demás desaparece, esto es lo que importa».
Son gestos simples, pero nos recuerdan quiénes somos, que confiamos el uno en el otro y que estamos listos para sacar toda la fuerza de Wicked Leather en cada show.
Vuestras fotos de conciertos y backstage parecen contar una historia paralela a la música. Si una de esas imágenes pudiera convertirse en una escena de cine, ¿qué momento elegiríais y qué historia creéis que encierra?
Bueno, hay muchísimas fotos, y cada una tiene su historia. Algunas podrían parecer de terror… bueno, no tanto, jaja. Más bien son historias de amistad extrema, agotamiento de giras y momentos locos que solo pasan entre personas que comparten un escenario y la carretera Por ejemplo, hay una foto en la que estamos todos tirados en el backstage después de un show brutal, con cables, pedales y latas de cerveza alrededor. Podría ser la escena de una película donde los héroes sobreviven a una batalla épica, exhaustos pero triunfantes. Cada foto tiene ese espíritu: cansancio, risas, complicidad… y un poco de caos controlado.
Dentro del grupo, ¿qué conflicto creativo o desacuerdo ha resultado ser, con el tiempo, una de las decisiones más acertadas para definir la identidad de Wicked Leather?
Bueno antes de ser wicked leather habia otra banda que no merece ser nombrada, pero la decision mas sabia fue quemarlo todo y empezar de cero.
Gracias por vuestro tiempo y vuestra música. Para cerrar: si Season of the Witch fuera una carta abierta al oyente, ¿qué os gustaría que cada persona se llevase consigo después de escucharla por primera vez?
Queremos que se lleven sensación de fuerza y libertad. Que sientan que la música no tiene que pedir permiso ni encajar en fórmulas. Que se permitan ser ellos mismos, con todo lo que eso implica: intensidad, oscuridad, alegría, agresividad … todo junto, Season of the Witch es una invitación a abrazar la oscuridad y nuestras cicatrices, porque forman parte de quienes somos. Que dejen que la música los tome, los sacuda, los posea y les recuerde que el heavy metal no es solo ruido: es energía, personalidad, actitud… y aceptación de lo que llevamos dentro. Si al final de la primera escucha alguien se siente un poco más vivo, más despierto, más completo con sus propias marcas y sombras… entonces hicimos bien nuestro trabajo.
Entrevista: Andrei Lukovnikov
















