Alberttinny: «Quiero que la música emocione por su sinceridad»

Tras cerrar una etapa clave como miembro de IZAL, Alberto Pérez Rodríguez inició un camino nuevo bajo el nombre de Alberttinny, un proyecto profundamente personal donde asume por completo la composición, la voz y las decisiones creativas. Lejos de buscar una ruptura abrupta con el pasado, su música se construye desde la reflexión, la honestidad y el deseo de volver al origen: disfrutar del acto de crear.
En este proceso, Alberttinny ha tenido que redefinirse como autor, aprender a convivir con la responsabilidad individual y aceptar los riesgos que conlleva exponerse sin filtros. Sus canciones funcionan como un espacio de expresión emocional, a veces incluso para decir aquello que no se atreve a verbalizar de otra manera.
En esta conversación hablamos sobre su manera de componer, los cambios personales que han marcado su evolución artística, la relación con el público, los límites entre lo íntimo y lo público y cómo le gustaría que su música fuera percibida dentro de diez años.
Cuando empiezas a escribir una nueva canción, ¿qué suele aparecer primero: una emoción, una imagen o una idea musical?
No tengo una forma fija de trabajar. Aunque muchas veces se me ocurre una melodía y empiezo a escribir una letra de algo que quiera contar. Otras veces en cambio escribo un texto y lo tengo guardado hasta que encuentro una melodía que me guste, en otras ocasiones sólo tengo un riff o una batería que me gusta y es el origen de toda la canción.
¿En qué momento del trabajo en tu proyecto en solitario sentiste por primera vez de forma clara la diferencia entre un grupo y la responsabilidad individual?
Bastante pronto, desde el momento de la grabación. Son muchas las decisiones que se han de tomar y al principio es agotador. En un grupo la decisión final depende de una valoración de todos los componentes y yo creo que eso ayuda mucho a la hora de decidir.
¿Hay canciones que escribes sabiendo que serán difíciles, sobre todo para ti mismo? ¿Por qué decides entrar en ese estado?
A través de las canciones me expreso a nivel emocional y comparto mis inquietudes, a veces lo que cuento no me atrevo a decirlo abiertamente. Asumo que alguna de ellas en directo, las primeras veces son difíciles, pero luego afortunadamente pasan a ser parte del repertorio y simplemente disfruto de tocarlas.
Si comparas tus inicios en Alberttinny con el momento actual, ¿en qué has cambiado más como autor?
Los inicios fueron difíciles para mí porque tenía que encontrar mi camino, definirme como artista. Hice un trabajo enorme para descubrir quién soy, qué quiero contar y cuál es mi voz, la manera de expresarme sinceramente en la letra y en la música. Ahora, comparativamente estoy en un momento continuísta. Espero con calma a que me llegue un hilo del que tirar y trato de dar pasos en direcciones distintas, abriéndome a probar sin presionarme tanto, volviendo al origen de todo que es disfrutar de hacer música.
Después de dejar IZAL, tuviste que tomar decisiones en solitario. ¿Cuál de ellas resultó ser la más arriesgada?
Yo dría que la propia decisión de hacer un proyecto en el que compongo y canto, labores nuevas que aún estoy aprendiendo es una decisión compleja ya que queda todo por hacer.
Hoy, como autor, ¿en quién confías más: en el Alberttinny actual o en el de hace unos años?
Por todo lo vivido para llegar hasta aquí, incluyendo mi yo de hace años, confío en el de ahora, por muchos motivos incluso extramusicales que me han ayudado a llegar a este punto.

A menudo se describe la música española como muy emocional. ¿Hay algo de esa imagen de lo que conscientemente prefieres mantenerte al margen?
Tengo unas direcciones que no quiero tomar conscientemente pero que tienen que ver más con el estilo, si que es verdad que evito hablar explícitamente de amor, en parte porque hay algo en la estética de esas canciones de amor que no me atrae.
¿Hay algún lugar en España que influya especialmente en tu estado interior y en tus ganas de escribir música?
No tengo un lugar concreto, suelo componer en el pequeño estudio que tengo en mi casa porque es donde más tiempo paso. Sí que tengo identificado que conducir me ayuda mucho a componer melodías y a desarrollar ideas, también que mientras todos duermen de madrugada siento que me ayuda a encontrar ese estado necesario para hacer las canciones.
Hoy en día, un artista casi siempre está en el espacio público. ¿Cómo defines para ti la frontera entre la apertura y la intimidad personal?
Para mí la frontera es la familia. Aunque comparto en mis redes ciertas historias donde participan de alguna manera indirecta mis hijos siempre me preocupo de que su imagen quede protegida. Sobre el resto de situaciones suelo ser muy abierto, trato de contestar en redes a toda la gente que me escribe y de dedicarles algo de tiempo a la gente que dedica tiempo a escuchar mi música.
¿Sientes expectativas por parte del público sobre cómo debería ser tu música, o has aprendido a no tenerlas en cuenta?
Cuando saqué «Mi propio incendio», el primer single, hubo gente que me dijo lo que tenía que hacer, pero está claro que después de todo el trabajo que conté antes yo tenía claro mi camino. A partir de ahí he ido creciendo poco a poco, con personas que conectan con lo que hago y no tratan de cambiarme.
¿Ha habido alguna canción que fuera muy importante para ti, pero que no encontrara una respuesta amplia por parte del público?
A veces tienes una expectativa sobre una canción y ves que luego no conecta como esperabas con el público, el problema la mayor parte de las veces son las propias expectativas que te las generas tú solo y luego tienes que acarrear con la desilusión. Si tuviera que decir una que yo esperaba una respuesta más amplia diría «Únicos».
Cuando ves fotografías de tus conciertos, ¿reconoces más a tu yo real o a tu imagen escénica?
A mi yo real, creo que no hay demasiada diferencia, no he trabajado conscientemente en un personaje a nivel escénico.
Si imaginaras que dentro de diez años escucharas la música de Alberttinny por primera vez, ¿qué te gustaría sentir en ella?
Me gustaría que llegara a emocionar por su sinceridad. Que la música transportara lo que se vivió en el momento de su composición/grabación.
























