arrecí0: reírse del desastre, tocar desde la herida y hacer del «tonti-punk» un lugar propio

Entre la ironía afilada, la energía punk y una sensibilidad emocional que aparece cuando menos lo esperas, arrecí0 se han ido construyendo un espacio muy reconocible dentro de la nueva escena alternativa española. Su manera de mezclar humor, crudeza y experimentación sonora —a veces deliberadamente torpe, a veces sorprendentemente íntima— convierte cada canción en un pequeño gesto de resistencia cotidiana.
Desde sus primeros lanzamientos independientes hasta el proceso actual de su álbum debut, la banda ha evolucionado tanto musical como internamente. Sin perder el impulso rebelde ni el juego constante con el lenguaje y los códigos del pop punk dosmilero, arrecí0 han aprendido a convivir con el conflicto, el cambio y la exposición emocional como parte esencial de su identidad creativa.
Hablamos con ellas sobre el «tonti-punk», la masculinidad, el autotune, los conciertos que dejan huella, los sonidos domésticos que aún faltan en su música y ese equilibrio frágil —pero necesario— entre reírse de todo y tomarse las cosas muy en serio.
Vuestro estilo suele describirse como «tonti-punk» o «tontipop». Si tuvierais que explicárselo a un maquillador que no conoce vuestra música, ¿cómo definiríais el «tonti-punk» en solo tres palabras?
Rebelde, energético y divertido
En vuestras letras suele convivir la ironía con experiencias muy personales (por ejemplo, en «Onvres» o «invierno/verano (de mierda)»). ¿Cómo encontráis el equilibrio entre el sarcasmo y la honestidad sin perder profundidad emocional?
Al final creo que es nuestra naturaleza, nos gusta reírnos de las desgracias que nos pasan porque sino la vida sería un drama enorme y continuo. A algunas integrantes nos gusta tirar más por la broma, «shitpost», o el sarcasmo; y otras por la profundidad y el cuidado del mensaje. Por suerte nos complementamos bien para conseguir el equilibrio justo.
Contadnos el mensaje más extraño o inesperado que os haya enviado un fan después de un concierto o de un lanzamiento. ¿Hubo alguno que os hiciera replantearos una canción o incluso su título?
Quizás no es el más extraño pero recuerdo mucho aquella chica que tras un concierto vino al backstage a preguntarme si tenía hijes… Le pregunté sorprendida varias veces para entender si realmente preguntaba por hijos neutros y al rato comprendí que me estaba pidiendo mi IG (instagram). ¡Nos hacemos mayores nosotras también!
Cuando escribís un tema nuevo, ¿cuál es vuestro «umbral de sinceridad»? ¿Os quedáis con el primer impulso emocional o os vigiláis conscientemente, revisando cada palabra?
Siempre somos sinceras en lo que decimos. Todas nuestras canciones somos nosotros. Pero es verdad que al final escribir es un oficio y nos gusta que todo esté bien cuadrado y bien escrito. Es un balance un poco delicado porque a veces se sacrifica la naturalidad por intentar que todo sea perfecto, pero ahí está lo divertido, en intentar encontrar ese equilibrio.
En «Onvres» hay una crítica muy clara a ciertas ideas sobre la masculinidad. ¿Qué momento cultural o musical (fuera de vuestra propia escena) influyó más en la decisión de tratar este tema a través de una canción?
Todas y todos nos hemos cruzado con este tipo de personas, aunque no siempre se ha hablado de ello tan abiertamente. En mi caso (Marta, cantante), influyeron mucho las primeras manifestaciones feministas a las que fui en 2016/2017, cuando empecé a tomar conciencia tras una experiencia personal dura. Sentimos la necesidad de denunciar y compartir estas vivencias, no desde la venganza, sino como una forma de sanar y de que otras personas se sientan comprendidas. Además, en los conciertos siempre hay alguien que grita «onvres» con una expresión que lo dice todo.
Vuestros primeros lanzamientos fueron totalmente independientes y ahora estáis trabajando en vuestro álbum debut. ¿Qué cosas decidís dejar deliberadamente atrás de esas primeras grabaciones: a nivel estilístico, emocional o técnico?
Hemos cambiado mucho como banda, sobre todo entre bambalinas.
Ha habido momentos de tensión y de cambio, fruto de ir amoldándonos entre nosotros. Creo que en el disco están más presente que nunca la voz creativa de cada uno de los miembros del grupo. Por eso aunque hayamos cambiado respecto a nuestros primeros temas, se siente más arrecí0 que nunca.
En algunos temas utilizáis Auto-Tune y sintetizadores de forma deliberadamente «torpe» o «infantil». ¿Es una decisión puramente estética o una forma de transmitir un estado de ánimo o una idea concreta?
Los dientes y el autotune surgen en nuestros comienzos como una manera de diferenciarnos estilísticamente. Al final bebemos mucho del pop punk dosmilero y el rock alternativo, y con la idea de modernizarlo pues se sentía como algo natural utilizar autotune y sinte. A partir de esa decisión estética nos dimos cuenta, que le daba un punto juguetón a todo lo que hacíamos, que cuaja muy bien con lo que queremos transmitir.
Si os regalaran una semana de estudio en Madrid o Barcelona con la condición de crear un tema solo en formato dúo con un artista local, ¿a quién elegiríais y por qué?
Pues la verdad que a nosotros aunque nos encanten Madrid y Barcelona, nos parece que hay que apostar por crear en otros sitios. Nosotros somos andaluces y nuestro estudio soñado es la mina en Granada, así que elegiríamos a los Planetas.
Describid el momento en el que os disteis cuenta por primera vez de que vuestra música podía pasar de ser un tema festivo a algo más profundo, íntimo y potencialmente dramático. ¿Fue un concierto concreto o una canción en particular?
El concierto en Sevilla de junio, cuando tocamos «me he quedado en casa» junto a Julia al piano y Ale al violín, nuestros coros y el final a capella fue muy emotivo para nosotras y para el público sin duda también, veníamos de dar brincos y se creó un ambiente precioso y calmado.
¿Qué elemento español —cultural, musical o lingüístico— estaríais dispuestos a incorporar a una canción incluso si eso cambiara radicalmente su sonido?
Breakbeat, un flabiol o los refranes también me parecen genial.
Si pudierais tocar en un festival pequeño en España que casi nadie conoce ahora, pero que según vosotros será de culto dentro de cinco años, ¿cuál sería? ¿Por qué?
Observatorio ya es mainstream… y el CIPOP es la polla nunca mejor dicho y va a crecer más y no es tan conocido, ojalá hicieran una versión extendida de más días.
Si mañana perdierais la posibilidad de usar instrumentos musicales tradicionales, pero tuvierais acceso a cualquier sonido doméstico de vuestra casa (la nevera, la cocina, la lavadora…), ¿cuál usaríais como base para vuestro próximo tema? ¿Por qué ese sonido?
El sonido de un comedero de perro de metal porque es perfecto, realmente nos falta… Necesario.
Imaginad que vuestra música no son canciones, sino relatos cortos. ¿Cómo describiríais la historia (inicio, nudo y desenlace) de «Mala suerte»? ¿Y cómo cambiaría ese relato si el protagonista fuera, al contrario, un optimista empedernido?
Yo las canciones las veo siempre de una manera un poco narrativa. No porque tenga que haber una historia per se pero si en la manera de estructurarlo. Siempre se construye hacia un punto de tensión, para luego revelar algo. En mala suerte es especialmente literal, La historia de Mala suerte sigue a un protagonista atrapado en una racha de pequeños fracasos cotidianos que reflejan un malestar más profundo. Todo parece torcerse: el trabajo, los hábitos… En el nudo, la ausencia se vuelve obsesiva y contamina su percepción del mundo. El desenlace revela que la mala suerte proviene de la pérdida de un calcetín. Si fuera al revés encontraría una verdad escondida a los ojos de los necios.
Para cerrar: si pudierais dejarle a nuestros lectores un «objeto invisible» —una idea, una emoción o una pequeña obsesión— que les acompañe después de leer esta entrevista, ¿qué sería y por qué?
Que la gente que sabe montar en bici debe valorarlo, porque Marta no sabe y es muy difícil luego gestionar tantos trabajos precarios con el transporte público y llega tarde a los ensayos.
Entrevista por: Andrey Lukovnikov
















