Lucky Strikewalker: entrevista sobre rock en castellano, actitud, industria y «La gran estafa» | FOTKAI

Lucky Strikewalker

Lucky Strikewalker: «Nos da igual si hay siete personas o tres mil, tocamos como si fuera Wembley»

Lucky Strikewalker: entrevista sobre rock en castellano, actitud, industria y «La gran estafa» | FOTKAI

Desde un garito casi vacío en Albacete hasta escenarios europeos, Lucky Strikewalker ha construido su camino a base de actitud, honestidad y una idea muy clara: el rock no va de números, va de piel. Da igual si delante hay tres personas o tres mil — la banda sale a tocar como si fuera la noche más importante de su vida.

Con letras directas, una mirada crítica hacia la industria y un sonido que bebe del rock español sin querer parecerse a nadie, Lucky Strikewalker se ha convertido en una de esas bandas que conectan desde lo visceral. Su música habla de cansancio, deseo, contradicciones, caídas y resistencia; y lo hace sin maquillaje ni discursos prefabricados.


Si tuvieras que presentarte a alguien que nunca te escuchó, pero solo con una historia, ¿cuál sería la primera que contarías?

Contaría nuestro primer bolo en un garito de Albacete. Llegamos de milagro porque se jodió la dirección de una furgoneta reventada que nos dejó mi padre (la única vez que hemos ido en furgo, por cierto). En el garito solo había 7 personas contando al camarero. Mucha gente habría tocado con el freno de mano puesto, pero nosotros nos bajamos al barro y tocamos como si fuera el Wembley Stadium. Al acabar, un tío me pidió las baquetas, nos compraron alguna cami y un CD, y un borracho se nos acercó y dijo: «No sé quiénes sois, pero me habéis volado la cabeza». Esa es la esencia de Lucky: nos da igual si hay tres o tres mil personas; nos dejamos la piel porque no sabemos tocar de otra manera. Mientras recogíamos, un menda se estaba pegando con el dueño saltando la barra del bar… creo que es la mejor historia de presentación posible.

 

Muchas de tus canciones parecen capítulos de tu vida. ¿Hay alguna que te haya mostrado algo de vos mismo que ni esperabas descubrir?

La verdad es que muchas. A la hora de escribir intento ser totalmente transparente y eso me obliga a un ejercicio de introspección casi terapéutico. Para componer, primero analizo qué me ha llevado a ese estado emocional y, en ese proceso de reflexión, sale a flote mi sentido crítico. Me juzgo a mí mismo: cómo actúo, cómo pienso, qué pude haber hecho mejor… Al final, mis canciones son el espejo donde me miro cuando no me gusta lo que veo.


En tu música se siente el rock español, pero con tu estilo propio. Si tu música fuera una ciudad, ¿qué tres calles de España la describirían mejor y por qué?

No creo que existan calles con estos nombres pero te diré, la Calle Juerga: nuestros shows son eso; diversión, desenfreno, sudor y alcohol. Después, la Calle Corazón: da igual si está roto o en perfecto estado, todo nace de sentimientos puros, ya sea amor, desamor, alegría o ira. Y por último, la Calle Actitud. Tenemos claro que no queremos ser la típica banda que busca ser el próximo Marea o Extremoduro. Con todo el respeto a las bandas, nosotros queremos ser Lucky. Esa es nuestra calle y nuestra bandera.


En el videoclip de «Me vas a joder la vida» hay detalles que casi nadie nota. Para vos, ¿cuál es el gesto o la escena más importante que pasa casi desapercibida?

Para mí son las miradas de cansancio mezcladas con ese vicio que te genera la persona que te gusta; creo que conseguimos que esa expresión aparezca en varios planos. Representa ese momento en el que sabes que una relación o una situación te está destruyendo, pero en lugar de huir, pides otra ronda. Es un gesto de derrota aceptada que resume perfectamente la mala leche y la honestidad de la canción.


Cuando tocaste en el Asema Fest en Finlandia, tu rock castellano llegó a un público del norte por primera vez. ¿Hubo un momento pequeño que te hizo sentir que la música puede romper cualquier barrera?

Ese fue el momento clave donde decidimos que sacaríamos el dinero «de debajo de las piedras» para grabar nuestro primer disco. Ver a gente que no entiende ni una palabra de castellano disfrutando e intentando tararear los estribillos es algo único. Es una experiencia que te vuela la cabeza; pocas bandas en España tienen la suerte de conectar así con una audiencia extranjera. Ahí entiendes que el rock es un lenguaje universal que no necesita subtítulos y pensamos: «Oye, quizás nuestras canciones son buenas de verdad».


«La gran estafa del rock and roll» no es solo un disco, parece un manifiesto. Si fuera un ser vivo, ¿qué arquetipo le pondrías y por qué?

Le pondría el arquetipo del Superviviente. Este disco es nuestra respuesta a ciertos medios y discográficas que quisieron «apostar» por nosotros pero lo único que querían era que les diéramos pasta. En esto hay mucho «lobo», de ahí el tema del disco; todo es enchufismo y gente con dinero. No me vengas a decir que el grupo suena bien y que estás interesado si acto seguido lo que quieres es que te pague mil y pico pavos. El disco es ese tipo que ya no se deja engañar por falsas promesas.


España tiene tradiciones musicales muy diversas. ¿Hay algún ritmo o sonido folclórico que te gustaría incorporar en tus canciones algún día, aunque no sea rock?

¡Puff! A ver, alguna guitarra flamenca o, no sé, unas gaitas jajaja. Creo que sería raro con nuestro estilo pero, con permiso de las bandas gallegas, una muñeira molaría. Ya está visto que el rock y las gaitas casan bien.


A veces las canciones cambian mientras las grabás. ¿Hay alguna que terminó contando algo totalmente distinto a lo que pensabas al principio?

¡Bua, muchísimas! Lo que escribes en un papel suele mutar cuando pasa por el filtro de la banda y la melodía. Un ejemplo claro es «No me quise enamorar». Nació como el monólogo de una persona expresando su malestar, pero al final decidimos meter una voz femenina. Lo que era un punto de vista subjetivo se convirtió en un choque de opiniones entre una pareja. Esa dualidad le dio a la canción una vida que yo no había previsto.


El rock es un estado, pero la industria no para de moverse. ¿Qué significa para vos «evolucionar»: en tu estilo, en cómo conectás con la gente o en la forma de crear música?

Yo creo que la evolución del rock va en cada banda. Hay propuestas actuales brutales; otras no conectan conmigo, pero han hecho que el rock llegue a Eurovisión y a un público más joven, y eso es lo que importa. Desde Lucky no pensamos «esto es moderno» o «esto suena viejo»; si la canción nos parece buena sale del local, y si en directo funciona, se graba. Respecto a conectar con la gente, es subjetivo: unos flipan con la balada y otros la odiarán. No puedes crear pensando solo en el público, te tiene que llenar a ti como artista.


Tus fans son más que seguidores, parecen una comunidad. ¿Cuál fue el momento más inesperado o conmovedor con ellos que te hizo pensar diferente sobre tu música?

Hay muchos. Desde ir a un lugar nuevo y que canten tus letras, hasta los fans más fieles que hacen quedadas para hacer la «previa» antes de un concierto como si fueran a ver a los Maiden. Pero lo que más me choca es cuando acaba el show y un desconocido te pregunta por qué no tocamos «X» canción; ahí te das cuenta de que tu percepción era que ese tema no conectaba, pero para alguien en el público era fundamental. Te cambia la visión de tu propio repertorio.


En el video de «Lobos» jugás con ideas de poder y depredación en la industria. Si pudieras juntar a todos los «lobos corporativos» del mundo musical y hacerles una sola pregunta, ¿cuál sería?

A los programadores de radio les preguntaría si no se aburren de poner la misma canción de Scorpions todos los días a la misma hora; eso es rutina, no rock. El rock es riesgo y bandas nuevas que llenan recintos sin que nadie las pinche. A los promotores les diría que recuperen la cultura de la Banda Invitada. En Toledo hay muchos conciertos ahora pero ya no se llevan «teloneros», cuando siempre ha sido la forma de impulsar a grupos menos conocidos. Y a las salas, que apuesten por temas propios, menos tributos y menos alquileres abusivos.


Dicen que el rock muere y renace todo el tiempo. ¿Qué mezcla de géneros o experimentos te parece más interesante y diferente a lo que hace el resto del rock hoy?

Como dijo Neil Young: «Rock and Roll will never die!». No creo que haya una fórmula escrita. Los experimentos bien hechos funcionan, pero también funciona a la perfección lo básico: batería, bajo, guitarra y voz. Lo más interesante hoy no es la mezcla de géneros, sino la mezcla de autenticidad entre las bandas y con los medios actuales.


Gracias por tu sinceridad. ¿Qué mensaje raro o inesperado te gustaría dejar a nuestros lectores, no como artista, sino como alguien que vivió cada riff y cada línea de su vida?

Vivimos en una época donde todo el mundo intenta ser una copia de una copia para encajar en un algoritmo, y eso es una mierda. La vida es corta, es ruidosa y a veces duele, pero es tuya. Mi consejo es que sean ell@s mism@s, que se rodeen de gente que les diga las verdades a la cara, que no busquen el aplauso fácil y que, si tienen algo que decir, lo digan gritando. No hace falta ser un virtuoso para cambiar las cosas, solo tener los huevos de ser uno mismo cuando el mundo te pide que seas otro. Menos filtros y más distorsión.

Entrevista: Andrey Lukovnikov

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