DURA•CALĀ entrevista: macarreo madrileño, ¡AY! y La Suerte, la banda de Madrid | FOTKAI

DURA•CALĀ

DURA•CALĀ: «No componemos para gustar al algoritmo, componemos para no traicionarnos»

DURA•CALĀ entrevista: macarreo madrileño, ¡AY! y La Suerte, la banda de Madrid | FOTKAI

Hay bandas que nacen de una estrategia y otras que surgen de una necesidad vital. DURA•CALĀ pertenece claramente al segundo grupo. Desde Madrid, el proyecto ha ido tomando forma entre el macarreo, el rock, la rumba y una actitud profundamente honesta hacia la música y el contexto que la rodea. Ellos mismos lo definen como «macarreo madrileño», una etiqueta tan flexible como necesaria para explicar un sonido que huye de lo cómodo y de lo previsible.

Con el debut ¡AY! ya en la calle y singles como «Reyerta» o «La Suerte» marcando su identidad, la banda se mueve entre la celebración y la herida, entre el barrio y la reflexión, sin pedir permiso ni buscar atajos. En esta conversación, DURA•CALĀ hablan de Madrid como amor y condena, de Lorca como referente vivo, de la industria musical, de la honestidad creativa y de por qué prefieren crecer despacio antes que inflar números.

Esto es DURA•CALĀ, con sus propias palabras.


Llamáis a vuestra música «macarreo madrileño», pero si la pensamos no como un estilo sino como un organismo vivo: ¿qué está creciendo en él ahora, qué está muriendo y qué evitáis conscientemente que se vuelva demasiado cómodo o previsible?

El término surgió de la necesidad de ponerle nombre a un estilo que no se nos hacía fácil describir. Todas las bandas nuevas se encuentran con la misma pregunta: ‘¿Qué tocáis? ’ En Dura Calá hay mucha mezcla y parte de la gracia del proyecto era hacer algo nuestro sin la pretensión de etiquetarnos, así que lo que más sentíamos que nos define es el macarreo. Cada día crece más la seguridad a la hora de explorar este rollo y pasamos de definirnos, porque hay tanta amalgama de referencias que diciendo solo un estilo, mentiríamos. Si evitamos que sea previsible es para no aburrirnos. Llevamos mucho tiempo tocando canciones de otros, este es el proyecto para hacer nuestra movida y si suena a otros ya no sería nuestro.


En «Reyerta» dialogáis con Lorca no como con una pieza de museo, sino como con alguien vivo. ¿Qué hay en su manera de entender la tragedia, el honor y el destino que os resulta especialmente cercana en la España de hoy?

Lorca para nosotros es un referente. La valentía con la que contaba sus historias y las de los que estaban fuera del relato oficial nos parece rock and roll. Habló de deseo, de violencia y de discriminación sin pedir permiso y sin miedo a las consecuencias. Temas que, sorprendentemente, siguen siendo incómodos para mucha gente. Sigue habiendo gente condicionada por ser quien es o por venir de donde viene. El concepto de honor es peligroso. Puede ser algo muy noble o empujar a la gente a justificar barbaridades. Hemos avanzado mucho pero la peli sigue siendo la misma.


Con el tiempo, la idea de libertad suele cambiar para cualquier músico. ¿En qué momento entendisteis que la libertad creativa no es la ausencia de límites, sino la capacidad de elegir los propios?

No creemos que sea cuestión de poner límites, sino de ser fieles a la intuición y al criterio propio. Cuando confías en eso, todo va rodao. Para nosotros la libertad creativa tiene más que ver con no traicionarte que con pensar en límites.


En vuestras canciones aparecen muchos personajes: ásperos, frágiles, contradictorios. ¿Hay alguno en el que os cueste más reconoceros a vosotros mismos, y por qué?

Nuestros temas tratan nuestras historias, y los personajes que aparecen no dejan de ser un reflejo de nosotros mismos. No creo que nos cueste reconocernos, como mucho puede que algunos de esos personajes representen a un momento del pasado con el que ya no nos sentimos tan cercanos.


Vuestra música camina entre la celebración y la grieta. ¿Cómo percibís el punto en el que la fiesta deja de ser honesta y el dolor deja de ser fértil para crear?

Eso es la vida misma, ¿no? Momentos de puta madre y momentos jodidos. O transitas todo eso o te vas a la mierda. Para nosotros crear nos permite analizarlo y desahogar lo que necesitamos desahogar, en lugar de esquivarlo. En cuanto a la honestidad de la fiesta, no somos nadie para juzgar. Sea una fiesta para disfrutar o una fiesta para evadirte, cada uno se gestiona como sabe o como puede.


Madrid no es solo un lugar para vosotros. ¿Hubo algún momento en que la ciudad os decepcionó o incluso os expulsó, y cómo influyó eso en vuestras canciones y en vuestra forma de estar en el mundo?

Nuestra relación con Madrid, como la de la mayoría de la gente que vive aquí, es de amor/odio. Nos lo ha dado todo y nos lo ha quitado todo. La ciudad de las posibilidades, acogedora y frenética, pero también cruel y desconsiderada, a la que llegas persiguiendo un sueño y acabas atrapado en un bucle luchando por sobrevivir y mantenerte, sin tiempo para nada más que para dejarte un sueldo de mierda en pagar un cuartucho en el que dormir cinco horas para volver a trabajar para conseguir cuatro perras. Según el día estamos en un equipo o en el otro.


Durante el proceso de ¡AY! seguro que hubo decisiones difíciles. ¿A qué tuvisteis que renunciar —una idea, un sonido o incluso al ego— para proteger la coherencia del disco?

Los temas del disco son los que pasaron la criba. Muchas demos se han quedado en el cajón porque no daban la talla. Algunas nos flipan, pero pusimos por delante sacar un trabajo coherente antes que satisfacer un capricho. Ya habrá tiempo para trabajarlas y quizá sacarlas más adelante.


«La Suerte» suena como una conversación directa con el destino, sin romanticismos. ¿En qué momento supisteis que esta canción debía ser así de cruda y qué dice de vuestro momento actual como banda?

«La Suerte» es, posiblemente, de los temas más honestos con el momento en el que lo escribimos. Habíamos llegado a un sonido, a un concepto, ahora solo nos faltaba un poco de suerte para que todo fuese bien. El mensaje era lo suficientemente claro y directo, y no creemos que hiciese falta más parafernalia. Y en esas seguimos, esperando a la suerte, a ver si se digna a venir.


España es un mosaico de identidades. Si DURA•CALĀ hubiera nacido en Galicia, Andalucía o el País Vasco, ¿qué cambiaría radicalmente en vuestra música y qué permanecería intacto?

Pues sería macarreo gallego, macarreo andaluz o macarreo vasco. Cambiaría el gentilicio pero el macarreo permanecería intacto.


Todo artista carga con historias que nunca llegan a convertirse en canciones. ¿Tenéis alguna que se haya quedado fuera por ser demasiado personal, demasiado dura o demasiado viva?

Tenemos unas cuantas, claro, pero si no queremos problemas con la benemérita sintiéndolo mucho tampoco podemos contarlas aquí.


¿Habéis vivido algún concierto en el que la reacción del público transformara por completo una canción, hasta el punto de que ya no volvió a ser la misma para vosotros?

No se nos va a olvidar nunca el primer bolo. Hubo peña que se quedó fuera porque la sala se llenó, y los de dentro cantaban los temas. Temas que ni habían salido, nosotros flipábamos. Se ve que la promo por los afters de la capital surtió efecto. No sabríamos decir un tema en concreto, pero en ese momento le cogimos más cariño aún a todo el repertorio.


La industria actual exige velocidad y presencia constante. ¿Qué creéis que se pierde en esta carrera infinita de lanzamientos y qué decidís hacer deliberadamente más despacio de lo que dictan las reglas?

A veces no queda más remedio que pasar por el aro, sobretodo a la hora de promocionarse siendo una banda nueva y sin recursos. Se pierde un poco la vergüenza al hacer el payaso en redes sociales (aunque, la verdad sea dicha, esto ya nos venía un poco de serie). Lo que no queremos hacer en ningún caso es pagar por exposición o para que se inflen los números. Preferimos ver como el proyecto crece de manera orgánica y que nuestros números representen la realidad, que sino luego vienen las sorpresas.


Si os ofrecieran crear un proyecto que no encaje ni en algoritmos, ni en playlists, ni en expectativas comerciales, pero que fuera absolutamente honesto, ¿cómo sería?

Eso es precisamente lo que estamos haciendo. No componemos pensando en complacer al algoritmo o entrar en ninguna playlist. Queremos hacer lo nuestro y a nuestra manera. Si luego eso acaba en una playlist o alguien le ve potencial comercial (y podemos sacar algo de pela) pues eso que nos llevamos.


Mirando vuestro recorrido, ¿sois hoy quienes soñabais ser al principio o alguien completamente distinto —y quizá más verdadero—?

Acabamos de empezar con Dura Calá. Llevamos por separado muchos años en el mundo de la música, pero este proyecto acaba de nacer, así que de momento estamos donde queremos estar. Siendo nosotros mismos, porque no sabemos ser de otra manera.


Para cerrar: si alguien descubre vuestra música en un instante decisivo de su vida, ¿qué movimiento interior os gustaría provocar en esa persona —no una emoción, sino una acción?

Siendo sinceros, esto lo hacemos para nosotros. Si alguien nos escucha y se siente identificado nos parece la ostia, a nosotros nos ayuda contar nuestras historias y si a alguien le ayuda encontrarse en ellas estamos encantados. No hay ninguna pretensión más allá realmente, pero si alguien llega a sentir con nuestra música lo que nosotros sentimos con la música que nos llena es un logro desbloqueado.

Entrevista: Andrey Lukovnikov

Foto: Angel Muñoz

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