Alizza: arquitectura emocional, resiliencia y un pop que abraza

La música de Alizza no busca respuestas rápidas ni emociones inmediatas. Su universo sonoro se construye como un espacio íntimo en el que conviven la vulnerabilidad, la claridad y una calma aprendida con el tiempo. Desde Madrid, la artista ha ido trazando un camino propio dentro del pop alternativo, guiada más por la intuición y la honestidad emocional que por las reglas de género o los números de la industria.
En sus canciones más recientes, como Florecer o Se Acabó, Alizza explora nuevas formas de mirar el mundo: desde la aceptación personal hasta la preocupación por el futuro del planeta. Su música no impone mensajes, sino que invita a sentir, a detenerse y a habitar ese espacio seguro que ella misma intenta crear para quien la escucha.
Si imaginamos que tus canciones son una arquitectura de emociones, ¿qué tipo de «distribución» te gustaría crear en un álbum que aún no existe? ¿Qué recorrido emocional querrías que viviera el oyente de principio a fin?
Imagino ese álbum no existente como un recorrido emocional que empieza en lugares más oscuros y vulnerables, donde viven la herida y la duda, y avanza poco a poco hacia espacios más abiertos. No es un camino de felicidad inmediata, sino de claridad y aceptación. Me gustaría que el oyente lo atraviese de principio a fin y termine sintiéndose más liviano, como después de haber entendido algo propio.
A lo largo de tu carrera, tu música ha pasado de una melancolía más introspectiva a un tono más luminoso. ¿Qué fue lo primero que cambió dentro de ti: el lenguaje de las letras, la forma de las melodías o tu manera de estar en el mundo?
No creo que haya cambiado; más bien aprendí a escribir desde otro lugar, más allá del desahogo. Estas canciones nacen de mirar con más calma y de saber apreciar también las cosas bonitas y buenas de la vida.
¿De qué manera los cambios de género y los experimentos sonoros te ayudan a entenderte mejor como persona, y no solo como artista?
Siempre he seguido lo que siento, y en la música no es distinto. No creo en los límites de género: si una canción me pide ir hacia el soul, o hacia cualquier otro lugar, la sigo. Mantenerme abierta es parte de quién soy como artista.
Durante la grabación de «Florecer» o «Se Acabó», ¿hubo algún momento extraño o inesperado —un sonido, una frase, un accidente— que no quedó en la versión final, pero que cambió el rumbo de la canción?
«Se Acabó» se fue construyendo principalmente sobre la marcha. Recuerdo los susurros, al principio no nos convencía nada, pero terminaron siendo una de mis partes favoritas de la canción. Es verdad que el tema se definió desde el inicio; esta canción siempre nos pareció diferente y supimos que teníamos que ubicarla desde un punto catastrófico, mirando hacia el futuro.
Si tu proceso creativo fuera una habitación, ¿qué objetos, notas, texturas u olores serían imprescindibles en ella? Descríbela de una forma que también se pueda «escuchar».
Yo la imaginaría como una habitación que abraza, con luz tenue, aromas a flores y colores cálidos que acarician la mirada. La música fluiría suave, llenando cada rincón, y el calor se sentiría como un abrazo que envuelve el cuerpo y el alma.
«Se Acabó» plantea una reflexión sobre el colapso climático. Si pudieras regalarle a cada oyente de esa canción una acción concreta, no un sentimiento, ¿cuál sería?
Que aprendan a cuidar la nave en la que vivimos porque solo hay una…
España está llena de capas culturales y tradiciones musicales. Si pudieras tomar un elemento de la tradición musical española e integrarlo en un proyecto pop completamente contemporáneo, ¿cuál elegirías y por qué, aunque no sea lo más evidente?
Me interesa su capacidad de transmitir emoción cruda y profunda, esa intensidad que atraviesa directamente el alma. Integrarlo en un proyecto pop alternativo permitiría crear un contraste poderoso…
¿Qué palabra o metáfora usarías para describir tu camino desde tu primera canción hasta hoy, y por qué no sería «proceso» ni «evolución»?
Resiliencia.
¿Cómo percibes la diferencia entre las historias emocionales que compartes con el público a través de tus canciones y las que solo te cuentas a ti misma en silencio?
Creo que me muestro bastante vulnerable en mis canciones, muy transparente con mis propios pensamientos. Todos tenemos dudas y a veces nos preguntamos qué puede gustar más o con qué se sentirán identificados los demás, pero al final siempre termino haciendo lo que realmente siento que es mío.
Si pudieras repensar la industria musical como una ecología artística y no como un sistema comercial, ¿qué cambiarías primero para que los artistas pudieran crear más y competir menos?
Los números.
Cuéntanos un momento vivido fuera del escenario o del estudio —algo aparentemente ajeno a la música— que con el tiempo descubriste que había influido de forma silenciosa en una de tus canciones.
Casi todo lo que vivo y siento termina plasmándose, de una forma u otra, en mi música. Creo que todo músico, o cualquier artista en general, plasma sus historias en su arte y eso es lo bonito, que cada obra lleva consigo algo personal y único.
Imagina que una persona fan tuya escribe un libro sobre cómo tu música ha influido en su vida. ¿Qué te gustaría que apareciera en el capítulo más íntimo, ese que normalmente nadie se atreve a contar?
Me encantaría que quien escuche mi música se sienta en un lugar seguro, creo que eso es lo más importante para mí, que se identifiquen con lo que canto y puedan sentirse libres de sentir exactamente lo que sienten.
Para cerrar, si pudieras regalar a nuestros lectores no un consejo, sino una fórmula para escuchar música de una manera que cambie su forma de ver el mundo, ¿qué elementos tendría esa fórmula, situada entre las matemáticas, la magia y la emoción, para que después sientan ganas de crear algo propio?
No creo que exista una fórmula perfecta, cada persona tiene su manera de entender la música y, sobre todo, de sentirla. Va más allá de la teoría y de lo tangible. Lo bello está en dejarse llevar, sumergirse en cada nota y en cada silencio, seguir aquello que capta su atención y quedarse en ese espacio que los haga sentir, pensar y vivir de verdad.
Entrevista: Andrey Lukovnikov
















