The Crab Apples: constancia, vértigo y una montaña de ropa por doblar

Hay bandas que hablan de sueños; otras, de estrategia. The Crab Apples hablan de resistencia. Desde sus inicios en 2012 hasta la publicación de trabajos como Tot dona voltes, Me da igual o el EP Un volantazo, el trío ha transitado idiomas, escenas y etapas vitales sin perder algo esencial: la sensación de estar siempre construyendo, incluso cuando el cansancio aprieta.
Lejos del discurso complaciente sobre la industria y el éxito, su relato es honesto y, por momentos, incómodamente real. Hablan de precariedad, de decisiones que pesan con el tiempo, de la intuición como brújula lingüística y de una constancia casi obsesiva que ha mutado, pero nunca desaparecido. En esta conversación, The Crab Apples se permiten ironizar, cuestionar y mirar hacia adelante sin filtros.
Si su proyecto musical no fuera un grupo, sino una instalación artística en un museo, ¿cómo sería la primera sala y qué verían los visitantes allí? ¿Por qué así?
Ahora mismo sería alguna cosa muy costumbrista como La diosa de los trapos de Pistoletto: una señora con una montaña de ropa por doblar por encima. Estamos las tres compaginando curros con este proyecto artístico y hace tiempo que vivimos con la sensación de que no llegamos a todo y que siempre hay una montaña de cosas por hacer.
En los primeros tiempos creaban música solo por diversión, y luego comenzaron a desarrollar el grupo profesionalmente. ¿Qué hábitos aparentemente insignificantes de aquella etapa inicial siguen siendo un referente creativo para ustedes hoy?
La constancia. En los primeros años ensayamos un montón y estos ensayos casi compulsivos se han ido transformando en siempre tener en la mente el proyecto aunque no sea juntándonos las tres para ensayar.
Sus primeros trabajos tenían un pop más «clásico» en inglés, mientras que los últimos EP y álbumes incluyen letras en catalán y español, electrónica e incluso remixes, como Tot dona voltes y Me da igual. Al cambiar de idioma, ¿qué es más importante para ustedes: la estética, la emoción del texto o la intención de llegar a una audiencia más amplia?
El tema de los idiomas ha sido algo que no hemos pensado demasiado, simplemente hemos ido fluyendo con ellos. Empezamos en inglés porque la música que escuchábamos principalmente era en ese idioma y poco a poco hemos ido añadiendo el castellano y el catalán que son los idiomas que hablamos en nuestro día a día.
Durante la creación de Un volantazo se centraron en un sonido instrumental directo y auténtico. ¿Pueden describir un momento en el estudio en que sintieron: «Este es el sonido que buscábamos»? ¿Qué sucedió exactamente en ese instante?
No fue tanto en el estudio sino en la fase de construir la demo de Sin ti. La canción empezó siendo mucho más etérea de lo que finalmente es y todo ese camino de bajar la canción a un sonido más directo fue lo que después nos marcó el camino del EP.
En la canción Me da igual se percibe cierta lucha con las normas de la industria musical. Si la industria fuera una persona, ¿cómo sería y qué le dirían mirándole directamente a los ojos?
Sería un señor de mediana edad que intenta aparentar ser más joven y viste siguiendo la tendencia de turno. Ahora mismo le diríamos que se relaje un poco, que apague el móvil un rato y que intente construir un criterio propio sin ayuda del algoritmo jaja
¿Qué significa para ustedes experimentar la música en España —no solo tocar allí, sino escucharla y vivirla? ¿Hay alguna canción que hayan comprendido de manera diferente durante un viaje o concierto en España?
A veces España da la sensación de país pequeño, como de que hay poco recorrido porque no hay una cultura musical sostenida por el público como en otros lugares como Latino América, Estados Unidos o UK. Da la sensación que se agotan los proyectos muy rápido porque realmente ser músico, para la mayoría, es algo insostenible.
Si comparan la versión de ustedes mismas de 2012, cuando empezaban con The Crab Apples, con la de hoy, ¿qué creencia sobre la música cambiarían y cuál conservarían a toda costa?
Molaría haber sabido entonces que tener una banda, publicar música y girar es tan sacrificado, que no nos iríamos de Erasmus porque priorizaríamos el grupo y así con tantas otras decisiones vitales. Conservaríamos a toda costa la inocencia y la ilusión de hacer música sin esperar nada a cambio.
Han experimentado con géneros muy distintos, mezclando estilos y lenguas. ¿Existe algún elemento musical o género que aún les dé miedo explorar y por qué?
Creo que no tenemos miedo a experimentar con nada, pero quizás no tendría mucho sentido hacer de repente boleros, salsa o reggaeton… o sí… nunca se sabe.
¿Cuál ha sido la manera más extraña o sorprendente en que sus oyentes han «vivido» su música fuera del escenario o los conciertos?
Hace poco una chica se tatuó «The Crab Apples» en un festival donde acabábamos de tocar. Estuvimos con ella mientras se tatuaba y fue una experiencia bastante increíble -y loca! - para todas.
Si pudieran reescribir alguna de sus propias canciones completamente en otro género —por ejemplo, jazz, reguetón o free improvisation—, ¿cuál elegirían y por qué?
Pues mira, igual molaría probar lo del reggaeton con Sin ti, que trata sobre empoderarse y darte cuenta de lo que vales por ti misma. Sería una especie de «Yo perreo sola» jejeje
Cuéntenos sobre su foto o momento favorito de los reportajes de sus giras, que los fans nunca han visto. ¿Por qué es tan importante para ustedes?
Para nosotras lo más importante de girar es pasar tiempo juntas y saber que somos capaces de sobrellevar todos los retos que supone girar.
Si crearan un horóscopo musical del grupo, ¿qué signo del zodiaco tendría cada una y cómo reflejaría el temperamento musical de cada integrante?
No tenemos mucha idea sobre horóscopo, la verdad… perdón!
Gracias por compartir su tiempo e historia. Imaginen que nuestra próxima conversación dentro de cinco años comienza con una frase profética de ustedes sobre el futuro de la música. ¿Cuál sería esa frase hoy, en 2026, y qué querría decirle a un lector que busca su camino en la creatividad?
Que tu única fuente de ingresos no sea tu arte.
Entrevista: Andrei Lukovnikov
















