Mala Hierba: la música como vía de escape, un sueño que insiste y la lucha permanente por hacerse oír

Mala Hierba no pertenece a la categoría de bandas que buscan definirse a golpe de etiqueta. Su música nace más bien de una necesidad vital: romper la rutina, abrir una grieta en lo cotidiano y convertirla en canción. Desde Mallorca, el grupo ha ido construyendo un discurso propio dentro del rock en español, marcado por la introspección, la convicción y una lucha constante por hacerse escuchar sin renunciar a la honestidad.
Con discos como La insistencia del sueño herido y el reciente single Mi pecho rasgaré, Mala Hierba sigue explorando un territorio donde las canciones no se fuerzan, sino que se dejan llevar hasta encontrar su forma exacta. En esta conversación hablan de ese impulso inicial que dio origen a la banda, de la evolución —personal y colectiva—, de los conflictos invisibles del estudio y del peso real que adquieren las canciones cuando pasan a manos del público.
Si imaginamos Mala Hierba no como una banda, sino como un estado que aparece en un momento concreto de la vida de una persona, ¿en qué instante surge ese estado y qué tendría que ocurrir para que desapareciera?
Mala Hierba nació como una necesidad de abrirnos a una inquietud artística que de otra manera no explotamos en las demás actividades del día a día. Es esa vía de escape que nos pedía el cuerpo para romper con nuestras rutinas y hacer algo en lo que nos sintiéramos especiales. Lo que tendría que ocurrir para que ese estado desapareciera de nuestras vidas sería… que dejáramos de tener vida.
Al inicio de vuestro camino, vuestras canciones sonaban como una necesidad urgente de ser escuchados. ¿En qué momento sentisteis por primera vez que ya no necesitabais demostrar vuestro derecho a tener voz, y cómo se reflejó ese cambio en vuestra música?
Lo cierto es que ese momento no creemos que haya llegado aún. Conseguir hacernos oír sigue siendo para nosotros una batalla permanente y muy vigente, sabemos que hay mucha gente a la que aún no hemos llegado y no consideramos que nuestro derecho a tener voz esté consolidado. En cualquier caso, incluso aunque ese día llegue, estamos seguros de que ese cambio no se va a reflejar en nuestra música porque nos sentimos muy identificados tanto con lo que hacemos como con nuestra forma de trabajar todo el proceso de composición.
El título La insistencia del sueño herido suena a una herida interior que se niega a callar. ¿Qué era exactamente eso que insistía dentro de vosotros en aquel momento y a qué os resististeis durante más tiempo antes de aceptarlo?
Nuestro sueño sigue siendo conseguir un respeto unánime dentro del mundo del rock y que Mala Hierba sea un nombre que sirva para abrir cualquier puerta. En línea con lo que comentábamos en la pregunta anterior, seguimos en esa lucha y el sueño sigue insistiendo en su intento de llegar a cumplirse.
El nuevo single Mi pecho rasgaré suena casi como un gesto físico, directo y sin protección. ¿En qué momento supisteis que esta canción tenía que ser así, sin capas ni distancia? ¿Qué fue más difícil: escribirla o decidir publicarla?
Cuando empezamos a trabajar en una canción partimos del esqueleto, que son la letra y la melodía, y a partir de ahí vamos viendo a dónde nos lleva conforme la vamos tocando y la vamos interpretando. De forma natural, cada canción va pidiendo un grado distinto de sobriedad o de complejidad, y suele ser algo que nosotros no buscamos intencionadamente. Simplemente hay un punto en que sentimos que la canción está terminada, y eso a veces sucede con muy pocos ornamentos y a veces sucede después de muchas capas y mucha instrumentación.
¿Os ha pasado alguna vez que una canción empiece a llevar a la banda hacia un lugar que no teníais previsto? Si es así, ¿cuál diríais que ha sido la canción más «indomable» de vuestra trayectoria?
Esta pregunta también va hilada con la anterior. Hay canciones que en el momento en que la empezamos a trabajar creemos que le podremos dar un aire concreto y conforme la vamos montando vemos que esa idea inicial no encaja con la melodía o con la letra y tenemos que dejarnos llevar más hacia lo que la canción pide. Nos ha sucedido, por ejemplo, con Con la vista en tus rodillas, a la que al principio quisimos darle un aire más duro y rítmico y después de no conseguir encajar las piezas finalmente vimos que quería ser una canción melódica.
España muchas veces no aparece en la música de forma literal, sino como un clima interior. ¿Cuándo sentisteis con más claridad que el contexto español —social, emocional, callejero— dejó de ser un fondo y pasó a formar parte de vuestro sonido?
Nuestras canciones suelen ser bastante introspectivas y con un punto de vista autorreflexivo o emocional. Si se ven impregnadas de alguna forma del contexto social es algo que ignoramos y que, en todo caso, sucede inintencionadamente.
Si observamos vuestra discografía como el recorrido de un solo personaje, ¿qué ha aprendido ese personaje con el tiempo y qué rasgos no ha conseguido cambiar pese a los años?
No podríamos decir que el personaje haya aprendido a no tropezar más de una vez con la misma piedra, pero sí que ha aprendido a no tropezar más de dos. Es un personaje de convicciones fijas, que cree en lo que hace y que sólo modifica su rumbo cuando algo es imposible que funcione tal como lo ha hecho hasta el momento.
Contadnos un momento en el estudio en el que algo salió mal o se desvió del plan, pero terminó definiendo el carácter de una canción o incluso de todo un disco.
Algo que se desvió del plan fue la elección de singles de nuestro último disco. Teníamos decididos cuáles iban a ser y cuáles iban a llevar videoclip, pero durante la grabación nuestro productor nos convenció de que Os cedo los estribos, que no iba a ser single, era una canción que caminaba muy bien y finalmente la terminamos lanzando como single con videoclip. Definió el disco al completo porque terminó siendo el primer single, la canción que lo abría todo.
¿Tenéis una definición propia de dónde termina la honestidad y empieza la repetición? ¿Cómo percibís esa frontera dentro del grupo?
Buscamos continuamente evitar caer en patrones repetitivos y nos esforzamos mucho en no utilizar en canciones nuevas recursos que ya hayamos utilizado con anterioridad. A partir de ahí, estamos muy tranquilos de saber que lo que hacemos es honestamente lo mejor que podemos ofrecer.
La industria musical exige cada vez más inmediatez y presencia constante. ¿Cómo protegéis el espacio de silencio, duda y espera sin el cual, en el fondo, es imposible componer de verdad?
Es casi imposible protegerlo a no ser que uno tenga una carrera muy consolidada y pueda permitirse no tener ningún tipo de prisa. Lo que sí hacemos es buscar un equilibrio entre lo que queremos hacer y lo que nos exigen la industria y el público. Por encima de todo buscamos no mostrarle nada al mundo que no consideremos que está terminado, independientemente del tiempo que pueda llevar.
¿Alguna vez la historia que un oyente os contó sobre una de vuestras canciones resultó más profunda o más dolorosa que la intención original con la que la escribisteis? ¿Ese tipo de encuentros cambia vuestra relación con vuestros propios textos?
Sí ha sucedido, y es algo que nos enorgullece. Lo bonito de las canciones no es sólo lo que cuentan, sino que quien las recibe pueda hacerlas suyas y encontrar en ellas momentos de su propia vida. Eso nos lleva a sentir mayor respeto por nuestras letras, porque ya sabemos que no son sólo importantes para nosotros mismos sino también para los demás.
¿Cuál ha sido la conversación más importante sobre Mala Hierba que no ocurrió ni sobre el escenario ni en el estudio, sino en algún punto intermedio: en la carretera, entre conciertos o incluso en silencio?
Ha habido muchas, sobre todo las que han configurado la situación y la formación actual de la banda. Probablemente las conversaciones más importantes hayan tenido que ver con esto último, afrontar cambios de formación ha sido para nosotros siempre un desafío.
Las fotos y los vídeos de los conciertos suelen capturar el clímax, pero no el desgaste. ¿Existen imágenes del backstage o del camino que para vosotros sean mucho más honestas que el escenario, pero que quizá nunca mostraríais públicamente?
Tenemos la suerte de contar con nuestro fotógrafo y amigo, Tomàs Moyà, que siempre anda con la cámara en alto. Ha capturado muchos momentos de esos que nunca publicaríamos, pero por motivos casi siempre cómicos. Lo que sucede entre bambalinas es mejor dejarlo allí…
Y para terminar, si en lugar de un mensaje o un consejo pudierais dejar a nuestros lectores una sensación con la que atravesar el próximo año, ¿cuál sería y por qué?
A nivel musical intentaríamos transmitirles la sensación de que todo está muy vivo y de que en cualquier momento tienen la oportunidad de impregnarse de ese ambiente, ya sea en directo o en casa. Al resto de niveles… sálvese quien pueda.
Entrevista: Andrei Lukovnikov
















