Entrevista a BANANI: DIY, ruido, Barcelona y el nuevo single «Gato» desde dentro | FOTKAI

Banani

Banani: ruido, ironía y optimismo cotidiano desde Barcelona

Entrevista a BANANI: DIY, ruido, Barcelona y el nuevo single «Gato» desde dentro | FOTKAI

Entre el DIY, el ruido entendido como textura poética y una mirada irónica pero profundamente honesta sobre la vida cotidiana, BANANI ha ido construyendo un universo propio dentro de la escena independiente. Su música dialoga con una generación que creció entre la incertidumbre, el desencanto y pequeños gestos de optimismo, siempre desde un lugar muy personal y poco complaciente.

Criado musicalmente en Barcelona y marcado tanto por el modernismo catalán como por la ética del «hazlo tú mismo», BANANI concibe las canciones como espacios donde el sonido manda, donde la voz puede existir incluso sin instrumentos y donde el error, el sarcasmo y la fragilidad conviven sin jerarquías. Su nuevo single «Gato» refuerza esta idea: una canción directa, sin artificios, que busca identificación más que riesgo calculado.

Hablamos con BANANI sobre arquitectura y música, barrios reales de Barcelona, crowd surfing fallido, ruido como poesía, el peso de la escena DIY y pequeños rituales absurdos pero reveladores.


Sus letras están llenas de sarcasmo y observación cotidiana, pero al mismo tiempo son emocionalmente honestas. Si pudieran convertir uno de los personajes de sus canciones en una instalación artística física, ¿qué forma tendría y en qué lugar concreto de una ciudad (por ejemplo, Barcelona) la colocarían?

Las obras de Gaudí me han marcado. Además de músico, estudié arquitectura técnica y durante la carrera me ha generado mucha admiración los edificios del modernismo catalán. Barcelona ha sido la ciudad con la que he crecido como músico, cualquier rincón de Barcelona sería bueno para colocarlo.


Dentro de su música —ritmo, melodía, texto, estructura—, ¿en qué elemento estarían dispuestos a hacer el sacrificio creativo más radical con tal de alcanzar una expresión artística pura, incluso si eso rompe las reglas del género?

Hacer un proyecto en el que no haya instrumentos. Solo la voz. Aunque en realidad hay poco ruido y el ruido me relaja.


Muchas de sus canciones dialogan con el estado emocional de toda una generación. Si hoy pudieran responder musicalmente a lo que eran ustedes a los veinte años, ¿qué les dirían y cómo sonaría esa respuesta?

Creo que hacer un análisis ahora mismo des de la madurez no es lo mismo que hacerla con 20 años. La respuesta seria, «son los felices veintes, te despistas y te mienten. Son los felices veinte, quien sonríe se arrepiente»


Si tuvieran que componer una pieza inspirada en una calle o barrio muy concreto de Barcelona (no un lugar turístico, sino uno real y cotidiano), ¿cuál elegirían y qué atmósfera musical nacería de ese espacio?

El barrio de Horta y Vallcarca me daría mucha cancha a escribir historias cotidianas. De hecho algunas de las letras me inspiran en estos barrios donde los vecinos son de verdad.


La música no es solo sonido, también es memoria corporal. ¿Qué momento específico de un concierto suyo —un gesto, un error, una reacción del público— sigue apareciendo en su cabeza incluso cuando no están sobre el escenario?

Una vez me cogieron de las rodillas para hacerme crowd surfing mientras tocaba y por error me tiraron al suelo. Cuando me volvieron a levantar lo primero que dije fue «esto está guapísimo». El público estaba muy entregado.


Formar parte de una escena DIY tan marcada deja huellas invisibles. ¿Cuál fue el comentario, consejo o gesto aparentemente pequeño de otro músico que terminó influyendo de verdad en su manera de crear?

El DIY es la escena con la que he crecido. Pero es una escena complicada. Entre amigos músicos nos apoyamos para que el «háztelo tu mismo» no sea difícil. En un concierto siempre hay conversaciones entre compañeros de la música y estas son los consejos que mejor guardo.


Si sus canciones pudieran hablar entre sí a través del tiempo, ¿qué tema antiguo discutiría o entraría en conflicto con uno nuevo, y sobre qué desacuerdo giraría esa conversación?

Estas Acabado era un canción que escribí en medio de la pandemia y fue la primera canción que escribí en castellano. Gato es una canción des del optimismo. Ambas antagónicas ahora mismo.


En el estudio, ¿qué suele llegar primero: la necesidad de ser emocionalmente honestos o el deseo de sorprenderse a ustedes mismos con el sonido? ¿Recuerdan un tema en el que esa decisión se invirtió?

Primero el sonido sobre todo en las ruedas de acordes. Donde las melodías de voz se encuentran cómodas. Algunas veces se te quedan frases que quieres plasmar en una canción y de ahí no salen.


Imaginen un EP inspirado en la poesía española, pero sin usar el idioma español. ¿Qué poeta o corriente elegirían como punto de partida y cómo se traduciría eso en estructuras, silencios o texturas sonoras?

La mejor textura sonora es el ruido. Debería haber una rama poética que fuera el Ruido.


¿Cuál ha sido la reacción o pregunta más inesperada de un fan —en un concierto, un mensaje o redes sociales— que les hizo ver su propia música desde un ángulo nuevo?

Una vez me dijeron que cantaba como Evaristo de la Polla Records. Desde entonces escucho la Polla Records los domingos a las 12 antes de ir a misa.


Si su próxima canción tuviera que ser narrada por una voz que no fuera la de ninguno de ustedes —ni siquiera la de un músico—, ¿qué tipo de voz sería y qué aportaría a la historia de la canción?

Con una voz grave se podría narrar la historia con mucho sarcasmo por que el grave genera seriedad.


En un contexto donde conviven la ética DIY y los algoritmos digitales, ¿cómo describirían el futuro de su música si no fuera una canción, sino un fenómeno sonoro o una sensación?

No me he parado a pensar en el futuro de mi música. Creo que viendo lo cambiante que son las cosas, cualquier cosa me sorprendería. Solo pienso en hacer buenos discos donde yo esté cómodo con mi propio fenómeno sonoro.


En su nuevo single «Gato» se percibe un juego especial entre actitud, ironía y fragilidad. ¿En qué momento del proceso se dieron cuenta de que esa canción tenía una identidad propia distinta al resto, y qué riesgo creativo asumieron con ella?

No hay ningún riesgo creativo en Gato. He intentado plasmar lo que realmente pienso y como vivo. Ha sido la canción con la que se podría sentir identificada una generación. Hemos trabajado muy bien las melodías, arreglos de guitarra, bajos y ritmos.


Para cerrar: si tuvieran que dejarle a nuestros lectores un pequeño reto creativo o vital —algo sencillo pero con sentido, que cualquiera pueda probar después de leer esta entrevista—, ¿qué les propondrían y por qué vale la pena intentarlo?

Que escuchen El Arte Del Terciopelo y se pongan dos vasos de agua. En uno pongan agua del grifo y en el otro agua embotellada. Cerrar los ojos y saber que vaso contiene agua del grifo. Importante, que no dejen de escuchar el disco.

Entrevista: Andrei Lukovnikov

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