Lisasinson: entrevista exclusiva sobre Desde Cuándo Todo y su evolución musical indie | FOTKAI

LISASINSON

LISASINSON: aprender a parar sin dejar de decirlo todo

Lisasinson: entrevista exclusiva sobre Desde Cuándo Todo y su evolución musical indie | FOTKAI

Hay discos que se construyen como una declaración. Y hay otros que funcionan como una pregunta abierta, incómoda, imposible de cerrar del todo. Con Desde Cuándo Todo, Lisasinson no intenta ofrecer respuestas definitivas ni refugiarse en la etiqueta fácil del punk-pop: lo que hace es detenerse, mirar hacia dentro y aceptar que no todo necesita resolverse con una frase contundente.

Desde sus inicios marcados por la urgencia y la energía directa, hasta esta etapa más reflexiva y vulnerable, el proyecto ha atravesado cambios internos y externos: la salida de Paula, el vértigo de quedarse sola al frente, el cansancio asumido sin disfrazarlo de velocidad. En esta conversación, la artista habla sin filtros sobre ansiedad y calma, sobre expectativas no cumplidas, sobre crecer sin perder la intensidad y sobre esa pregunta que atraviesa el nuevo álbum y que, quizá, también nos pertenece.


Si imagináramos vuestra música como una galería de arte, ¿qué cuadro colocarías en primer lugar y por qué именно ese debería abrir la exposición de tu mundo interior?

Probablemente pondría Ofelia de Millais al principio. No por lo dramático, sino por esa sensación de belleza y agotamiento al mismo tiempo. Me representa bastante: estar entregándote a algo que amas, incluso cuando te supera un poco. Creo que abriría bien la exposición porque resume esa mezcla de vulnerabilidad y estética cuidada que atraviesa el disco.


«Desde Cuándo Todo» suena como una pregunta sin respuesta. ¿En qué momento del trabajo sobre el álbum entendiste que esa pregunta era más importante que cualquier afirmación y dejaste de buscar un punto final?

La verdad es que no me lo había planteado así nunca. No sentí que la pregunta fuera «más importante» que una respuesta, ni que estuviera huyendo de conclusiones. De hecho, creo que el disco tiene bastantes respuestas, aunque no sean cerradas o definitivas.
El título es una pregunta porque resume una sensación muy concreta: darte cuenta de que algo ha cambiado. Pero eso no significa que no haya posicionamiento dentro de las canciones. Hay opiniones, hay emociones claras, hay decisiones. Lo que pasa es que no todo en la vida se resuelve con una frase contundente.
Más que dejar de buscar un punto final, creo que simplemente asumí que algunas cosas están en proceso. Y eso no las hace menos válidas.


En muchos temas se percibe como si la calma y la ansiedad coexistieran al mismo tiempo. ¿Ese estado fue el punto de partida del álbum o apareció ya durante el proceso de grabación?

No sé si fue el punto de partida o si se hizo más evidente durante la grabación. Supongo que cuando empiezas a escuchar todas las canciones juntas te das cuenta de que hay esa mezcla: temas más pausados, más introspectivos, y otros más nerviosos. Pero no fue algo diseñado, fue bastante natural.
Al final el disco refleja cómo estaba yo en ese momento. Y yo tampoco estaba en una sola cosa. Estaba tranquila y saturada a la vez, ilusionada y cansada. No fue un concepto pensado, fue más bien una consecuencia.


Si imaginamos que este álbum no es un resultado final, sino un síntoma: ¿qué reveló de ti que antes evitabas o no te atrevías a verbalizar en tu música?

Pues… más que un «síntoma», yo lo veo como una foto bastante clara de cómo estaba.
Si hay algo que revela y que quizá antes me costaba más decir es el cansancio. Antes tiraba mucho de energía, de impulso, de esa cosa más urgente. Aquí me permití decir que estaba agotada, que tenía dudas, que no lo tenía todo claro. Y eso no me resultó tan fácil.
También hay más miedo al paso del tiempo, más reflexión sobre expectativas que no se han cumplido exactamente como imaginabas. No es algo que evitara conscientemente, pero quizá antes no me atrevía tanto a quedarme ahí, en esa vulnerabilidad sin disfrazarla de rabia o velocidad.
Así que sí, si es un síntoma, revela que ya no tengo necesidad de fingir que estoy siempre fuerte o acelerada. También puedo estar cansada y decirlo


A menudo jugáis con la dinámica: desde un punk-pop directo hasta momentos más íntimos, casi susurrados, como en «Lanzarote». ¿Qué cambia dentro de ti según la canción se exprese en voz alta o en voz baja?

Simplemente me lo pide el cuerpo. Hay canciones que nacen más rápidas y más directas, y otras que salen más suaves. No es que yo decida «ahora voy a gritar» o «ahora voy a susurrar», es más instintivo.
Depende mucho del momento en el que esté escribiendo y de cómo salga la melodía. Si la canción me pide intensidad, se la doy. Si me pide contención, también. No hay un cambio interno súper analizado, es algo bastante natural.


Cuando escribes letras, ¿exploras más tu mundo interior, dialogas con el mundo exterior o ambos espacios terminan fusionándose? Cuéntanos sobre una canción donde ese choque fue especialmente intenso.

Creo que empiezo casi siempre desde lo interior, desde algo que me está pasando o que estoy sintiendo. Pero eso nunca está aislado. Lo que vivo yo tiene mucho que ver con el contexto, con cómo están las cosas fuera, con la presión, con las expectativas, con el momento vital. Así que al final se mezcla todo. Empieza siendo algo mío, muy personal, y acaba teniendo una parte más generacional o más social sin que lo busque demasiado.
Por ejemplo, en «No Quiero Envejecer» hay algo muy íntimo, muy mío, que es el miedo al paso del tiempo. Pero ese miedo no es solo individual, tiene que ver con cómo se supone que deberías estar a cierta edad, con la comparación constante, con lo que parece que todo el mundo está consiguiendo menos tú. Ahí ese choque entre lo interior y lo exterior es bastante evidente.
No escribo pensando en hacer una crítica social, pero tampoco escribo desde una burbuja. Todo se termina mezclando.


Los primeros trabajos sonaban como una expresión inmediata de energía y emociones, mientras que los más recientes se perciben como la reflexión de una voz más adulta. ¿Cómo entiendes el equilibrio entre la libertad de un inconformismo ansioso y una vulnerabilidad madura en el estudio?

No lo vivo como un equilibrio que tenga que calcular en el estudio. No me siento pensando: «ahora toca ser más adulta» o «ahora tengo que ser más inconformista». Las dos cosas conviven porque siguen estando dentro de mí.
La ansiedad y el inconformismo no han desaparecido. Sigo teniendo esa urgencia, esa necesidad de decir cosas sin pedir permiso. Lo que pasa es que ahora también me permito parar y reconocer cuando estoy cansada o cuando algo me duele, sin taparlo con velocidad.
Antes quizá todo lo resolvía desde la energía. Ahora no he perdido esa parte, pero he añadido otra capa más vulnerable. Para mí no es una sustitución, es una suma. Y en el estudio intento no forzar ninguna de las dos, sino dejar que cada canción encuentre su forma.


Si tuvieras que explicarle a la industria qué es el punk-pop hoy, no como género musical sino como filosofía de vida, ¿qué dirías?

La verdad es que no sé si sigo haciendo punk-pop, creo que ya no. Igual en algún momento encajaba más ahí, pero ahora mismo no lo tengo tan claro. Mi música sigue teniendo energía y cierta urgencia, pero también tiene más pausa y más reflexión que antes.
Si tuviera que hablar de punk-pop como filosofía, diría que para mí tiene más que ver con la actitud que con el sonido. Con hacer las cosas sin esperar a que todo esté perfecto, con no pedir permiso para decir lo que quieres decir. Pero ahora mismo no me obsesiona tanto encajar en esa etiqueta.
Prefiero pensar que estoy haciendo canciones desde el lugar en el que estoy, sin preocuparme demasiado por cómo se llama eso.


En España, y especialmente en Valencia, existe un fuerte legado cultural. ¿Cómo influyen las tradiciones de tu ciudad o de tu región en tu música y en tu lenguaje visual?

Sinceramente, no creo que las tradiciones de València influyan de una forma directa en mi música. No siento que esté trabajando desde algo muy identitario ni que esté pensando en la herencia cultural cuando compongo.

Lo que sí influye es el contexto. Haber crecido aquí, haber vivido una escena concreta, haber visto cómo ciertos movimientos musicales han tenido más espacio que otros… eso te coloca en un sitio determinado, aunque no lo busques.
Pero no hago referencias conscientes a tradiciones ni intento representar nada culturalmente. Mi música es bastante más personal que territorial. Si hay algo de València en ella, está porque yo soy de aquí, no porque lo esté subrayando.


¿Existen en tu música referencias ocultas a la cultura española que solo notarían oyentes de Valencia? Y si es así, ¿cuáles?

La verdad es que no hay demasiadas referencias ocultas pensadas como guiños secretos.
Si hay detalles que alguien de aquí puede identificar más fácilmente, tienen que ver más con el contexto que con referencias culturales explícitas: ciertas formas de hablar, alguna mención a lugares o a situaciones muy concretas que, si has vivido aquí, te suenan más cercanas.


Cuéntanos sobre un momento de tu carrera que desde fuera pareció un fracaso, pero que en realidad se convirtió en un punto de inflexión: ¿qué cambió dentro de ti después de ese episodio?

Supongo que la salida de Paula de la banda y quedarme yo sola al frente del proyecto. Fue un momento de muchas dudas, de preguntarme si tenía sentido seguir o no. Sentí bastante vértigo al asumirlo todo yo sola. Pero al mismo tiempo, esa situación me obligó a decidir de verdad si quería continuar.


¿Cuál ha sido la forma más inesperada o extraña en la que los fans te han mostrado su cariño? ¿Y hay alguna historia que aún no hayas contado públicamente por lo inusual que es?

Que le pongan nuestros nombres a su coche o a su bicicleta. jajaj


Si pudieras vivir un día en la piel de cada uno de tus «yo» musicales del pasado (desde Barakaldo hasta Desde Cuándo Todo), ¿a cuál elegirías y por qué?

Qué pregunta más intensa ajajaj. Creo que elegiría volver un día a la versión más ingenua del principio, a esa etapa donde todo era más impulso y menos pensamiento, al Barbeira Season Fest. Con María, Mar y Paula. Pero no me quedaría ahí. Me gusta más quién soy ahora, aunque esté más cansada o tenga más dudas. Ahora entiendo mejor lo que hago y por qué lo hago. Antes había más ilusión pura; ahora hay más conciencia.
Así que volvería un día por curiosidad, por recordar esa sensación… pero elegiría quedarme en el presente.


Y para terminar: ¿qué pregunta te gustaría que tus oyentes se hicieran a sí mismos cuando escuchen por primera vez tu nuevo álbum? ¿Y por qué precisamente esa pregunta?

Me gustaría que se preguntaran algo parecido a lo que atraviesa el disco: «¿desde cuándo todo…?» Y que cada uno lo completara a su manera.
¿Desde cuándo todo cambió? ¿Desde cuándo acepto esto? ¿Desde cuándo me siento así?
No porque tenga que haber una respuesta clara, sino porque a veces parar y hacerse la pregunta ya mueve algo.
El disco no pretende dar lecciones ni soluciones. Si consigue que alguien se detenga un momento y se escuche un poco más, ya me parece suficiente.

Entrevista: Andrei Lukovnikov

ENTREVISTAS