La Regadera entrevista exclusiva: Somos pocos pero suficientes y su nuevo álbum | FOTKAI

La Regadera

La Regadera: «No hace falta correr tanto para que las cosas tengan sentido»

La Regadera entrevista exclusiva: Somos pocos pero suficientes y su nuevo álbum | FOTKAI

Desde Miranda de Ebro y lejos de los focos de las grandes capitales, La Regadera ha construido una trayectoria que no entiende de prisas ni de fuegos artificiales. Más de una década de carretera, cambios en la industria, pérdidas dolorosas y aprendizajes silenciosos han ido moldeando una identidad que hoy se siente más consciente, más serena y, paradójicamente, más intensa.

Con Somos pocos, pero suficientes, la banda reafirma una forma de estar en el mundo: comunidad sin estridencias, resistencia sin grandilocuencia y canciones que no buscan imponerse, sino quedarse. En esta conversación, el grupo habla de procesos, dudas, robos que casi lo cambian todo, inteligencia artificial y de esa lluvia persistente que, sin hacer ruido, termina empapándolo todo.


Imaginad por un momento que La Regadera no es un grupo, sino un fenómeno natural. ¿Qué sería: una tormenta breve, una lluvia persistente, una sequía rota a última hora? ¿Y qué dice esa imagen de vuestro estado actual como banda?

Seríamos una lluvia persistente, de esas que no hacen ruido al caer pero que acaban empapándolo todo.E sa imagen dice bastante de nuestro momento: no estamos intentando deslumbrar ni correr más de la cuenta, estamos aquí, cayendo poco a poco, sosteniendo lo que somos y lo que queremos contar.


Mirando vuestra trayectoria completa, ¿qué parte de vuestra identidad musical sentís que el público suele pasar por alto, pero que para vosotros es absolutamente esencial?

Muchas veces se pasa por alto el cuidado que hay detrás de las canciones. No solo a nivel musical, sino humano. Para nosotros es esencial cómo se dicen las cosas, desde dónde se dicen y para quién.


En Somos pocos, pero suficientes hay una sensación muy clara de comunidad y resistencia tranquila. ¿En qué momento os disteis cuenta de que ese título no era solo una frase bonita, sino una declaración vital y artística?

No hemos dejado de darnos cuenta nunca y el concepto de comunidad es algo que siempre hemos tenido muy presente en la banda. «Somos pocos, pero suficientes» no es solo un lema, es una forma de estar en el mundo y en la música.


Si este nuevo álbum tuviera que ser explicado a alguien que nunca ha escuchado a La Regadera a través de una sola escena —no una canción—, ¿qué estaría ocurriendo en esa escena y por qué?

Una escena sencilla: una plaza al final del día, gente muy distinta compartiendo el mismo espacio sin necesidad de conocerse del todo. No pasa nada extraordinario, pero se respira algo de calma y de pertenencia. Este disco va de eso, de encontrar un sitio donde quedarse sin tener que levantar la voz.


Vuestros discos no solo cambian de sonido, también de mirada. Si hoy pudierais intervenir una canción antigua —no para corregirla, sino para dialogar con ella—, ¿cuál elegiríais y qué le diríais desde el presente?

Elegiríamos alguna de esa primera maqueta que hoy en día solo es posible encontrar en Youtube. No para corregirla, sino para decirle: gracias por empujarnos. Le diríamos que hoy seguimos creyendo en lo mismo y que siempre formará parte de este camino recorrido.


En el estudio, ¿qué suele ganar la batalla: el impulso casi irracional del primer momento o la reflexión paciente que llega después? ¿Recordáis una canción en la que esa tensión haya sido especialmente evidente?

Gana una mezcla rara de las dos cosas. El impulso suele abrir la puerta, pero si no llega la reflexión después, la canción no se sostiene. Ha habido temas en los que el primer arrebato era brutal, pero hasta que no los pasamos por el filtro de todos no encontraron su sitio. Ese tira y afloja es parte del proceso.


Venís de Miranda de Ebro, un lugar que no siempre está en el mapa musical mediático de España. ¿Qué os ha dado crecer y crear desde ahí que quizá no habríais encontrado en una gran ciudad?

Crecer aquí nos ha permitido hacer las cosas a nuestra manera, equivocarnos sin focos encima y construir algo sólido, no algo rápido.


A lo largo de los años habéis transitado estilos que, en teoría, no siempre conviven fácilmente. ¿Cuál ha sido el lenguaje musical que más os ha costado hacer propio y qué os enseñó ese esfuerzo?

Quizá el lenguaje que más nos ha costado ha sido el de bajar revoluciones sin perder energía. Aprender a que una canción funcione sin ir siempre al máximo. Ese esfuerzo nos enseñó que la intensidad no siempre va ligada al volumen.


Contadnos una historia de gira que en su momento fue un desastre absoluto, pero que con el tiempo se transformó en una anécdota fundacional para la banda.

Con más de 10 años de carretera las historias son infinitas, pero en cuanto a desastre, es imposible no mencionar el robo que sufrimos en Sevilla de todo el material que llevamos a los conciertos. Más de 30.000 euros entre instrumentos, merchan y material que nos dejó muy tocados tanto económicamente cómo anímicamente, pero que también nos unió como banda y nos hizo más fuertes.


Si cada miembro del grupo tuviera una «habilidad secreta» que no aparece en los créditos de los discos pero sostiene al proyecto, ¿cuál sería en cada caso?

No te voy a dar nombres, que luego todo se sabe, jajaja… Evidéntemente, como en cualquier grupo de personas hay de todo y todos aportan su granito de arena para que la maquinaria funcione.


¿En qué momento sentisteis con más claridad que la industria musical había cambiado las reglas del juego, y qué norma no escrita aprendisteis a desaprender?

Cuando entendimos que ya no bastaba con sacar un disco y esperar. Que todo iba más rápido, más superficial y más al día.


Seguro que hay canciones que casi se quedan fuera del repertorio o de un disco. ¿Existe algún tema que estuvo a punto de desaparecer y que hoy tenga un significado especial para vosotros o para vuestro público?

Sí, hay canciones que casi se quedan fuera y que luego se convierten en refugio para mucha gente. A veces lo que dudas en mostrar es justo lo que más conecta. En este mundo es difícil encontrar la tecla.


Si mañana decidierais componer una canción sin instrumentos tradicionales —solo con sonidos cotidianos, voces o errores—, ¿qué tipo de atmósfera os gustaría construir?

Nos gustaría una atmósfera íntima, casi nocturna. Sonidos de fondo, respiraciones, errores que se quedan. Algo imperfecto pero honesto, que no intente pulirse demasiado.


La inteligencia artificial ya empieza a componer, producir y hasta imitar estilos. Si una IA analizara toda vuestra discografía, ¿qué creéis que entendería mal sobre La Regadera? ¿Y qué os gustaría que entendiera bien?

Creemos que una IA entendería mal por qué hacemos las cosas. Quizá captaría estilos o estructuras, pero no el contexto, ni las conversaciones, ni los silencios o las reflexiones que han acabado en cada trabajo.


Entre miles de fotos de conciertos y backstage, imaginad una imagen que nunca se publicó pero que resume lo que sois como banda. ¿Qué aparece en esa foto y por qué es tan representativa?

Una foto sin escenario: nosotros sentados en cualquier sitio, riéndonos, con instrumentos apoyados en una pared. Nada épico. Pero ahí está todo lo que somos.


Gracias por esta conversación. Para cerrar: si vuestros oyentes fueran, como dice el título del disco, «pocos pero suficientes», ¿qué deseo poco obvio —lejos de los mensajes habituales— os gustaría que se llevaran consigo después de escucharos y convivir un tiempo con vuestra música?

Algo sencillo pero profundo: que no hace falta correr tanto, ni ser más de lo que uno es, para que las cosas tengan sentido. Que con lo que hay, si es de verdad, muchas veces basta.

Entrevista: Andrei Lukovnikov

ENTREVISTAS