Sweet Q entrevista exclusiva: Que solo nos quede ganar y la evolución de la banda | FOTKAI

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Sweet Q: «Que solo nos quede ganar» no es una frase, es una forma de estar en el mundo

Sweet Q entrevista exclusiva: Que solo nos quede ganar y la evolución de la banda | FOTKAI

Desde sus primeros pasos con los EP La Gran Revolución y La Nueva Era hasta la consolidación de su sonido en el álbum Que solo nos quede ganar, Sweet Q ha construido un universo donde la energía convive con la emoción y lo festivo con lo íntimo. La banda madrileña ha sabido crecer sin perder el pulso directo que los conecta con su público, afinando su identidad sin diluir lo esencial.

En esta conversación, el grupo reflexiona sobre su evolución, los pequeños accidentes que terminan marcando una canción, la influencia del día a día en España y esa extraña sensación de escuchar a miles de personas cantar algo que nació casi en secreto. Un retrato honesto de una banda que entiende la música como impulso, riesgo y celebración.


Si el sonido de Sweet Q fuera un color, una forma y una textura, ¿qué sería?

La verdad es que probablemente no exista una única respuesta para esta pregunta. Podríamos decir que en función del momento y el tema, en ocasiones el color sería un naranja que tira a rojo: energía pura, emoción y esas ganas de vivir que no pueden esperar. La forma quizás sería una línea ondulada, como un camino sinuoso que avanza hacia un horizonte que se va acercando más y más. ¿Y la textura? Tal vez rugosa, con las imperfecciones que podemos encontrar en nuestra forma de ser. Pero como antes dije, según el tema que estés escuchando, en otros momentos bien podría ser como una manta de terciopelo azul oscuro, que te envuelve y te hace sentir a gusto… depende.


De vuestros primeros EPs a este disco, ¿qué ha cambiado y qué sigue ahí?

Sobre todo, la seguridad. En La Gran Revolución o La Nueva Era teníamos mucha urgencia por soltarlo todo; ahora confiamos más en cuándo hay que callar y cuándo hay que apretar. Hemos aprendido a dejar que las canciones respiren, que los instrumentos encuentren su sitio y lugar dentro de cada tema sin pisarse… Lo que no ha cambiado es nuestra voluntad de conseguir que los temas puedan remover algo profundo dentro de las personas que los escuchan, que se sientan identificados con los mensajes, que la música les emocione. En definitiva, cuidar mucho las letras y cada pequeño arreglo del tema hasta que quede redondo a nuestros oídos. Al final, todo suma.


¿Habláis a un «personaje» en las letras o cada canción inventa el suyo?

Cada canción acaba creando su propio personaje, pero todos parten del mismo impulso: alguien que está decidiendo algo en tiempo real. No solemos escribir desde la distancia, sino desde el «ahora», desde la duda, el deseo o el impulso de moverse aunque no tengas todas las respuestas.


¿Cómo influye el día a día en España en vuestra música?

Influye en todo: en el ritmo, en cómo hablamos y en esa forma tan nuestra de decir cosas profundas sin ponernos demasiado intensos. Un ejemplo claro es «Lo siento, pero no», que es una crítica directa a esa intransigencia que se ve tanto ahora por la calle. Nos gusta mezclar la intensidad con lo cotidiano, como una conversación a las tantas de la mañana después de una fiesta.


¿Cambiaríais alguna canción del álbum por algo que aún no habéis grabado?

La verdad es que nos encanta cómo ha quedado el disco y no quitaríamos nada. Nos gusta dejar esa puerta abierta a lo que todavía no sabemos hacer, como esa canción que capture el alivio de cuando ya ha pasado el vendaval del estreno y puedes mirar hacia atrás con calma.


¿Algún sonido o instrumento raro que queráis probar?

Nos llaman la atención los sonidos cotidianos: un golpe, una respiración, el jaleo de la calle, el latir de un corazón… muchas veces intentamos incorporar ese tipo de sonidos a los temas, pero siempre de forma velada. Referente al tema instrumentos quizás Curro, nuestro bajista, es el que más le mola el tema de ir probando cosas e investigando con sonidos diferentes, pero al final, si algo nos gusta por lo general acabamos incorporándolo a los temas de forma natural.


¿Alguna reacción del público que os haya descolocado?

Ver a la gente cantar a gritos frases que nosotros grabamos casi «de paso» o en momentos de mucha intimidad. Ahí te das cuenta de que la canción ya no es como la concebiste, sino que se convierte en algo más. A cada persona le puede transmitir un sentimiento diferente y cumple una función distinta en su vida. Conocer esos nuevos significados es lo que más nos descoloca, generalmente porque no habíamos reparado en que podrían existir tantos y tan variados. Una prueba de ello es ‘No habría sido así’, un tema festivo, divertido… y sí, la letra trata sobre alguien que siempre ha estado en la friendzone enamorado secretamente de otra persona de la que no creía ser correspondido, algo muy común que le podría pasar a cualquiera. Muchos se sienten identificados en ese rol, pero también una seguidora nos comentó que ese personaje de la canción le generaba rechazo y no empatía, precisamente por una experiencia personal propia. Estas percepciones de cada uno sobre los temas siempre nos llaman la atención.


Si fuerais una obra de arte, ¿qué objetos os representarían?

Sería algo abstracto donde todo encaja: un neón parpadeante (energía y luz que van y vienen), un reloj sin agujas (para representar la atemporalidad de los temas) y una puerta entreabierta que te invita a pasar a una habitación repleta de todos los elementos que usamos a la hora de crear las canciones: bolis, cuadernos, púas, baquetas…etc.


¿Cuál sería el ritual ideal para escuchar vuestro nuevo disco?

Una caminata nocturna con auriculares, sin mirar el móvil, por calles que conoces de memoria pero que a esa hora parecen un escenario distinto. Estar solo, pero sintiéndote acompañado por la música, mientras disfrutas y esbozas una sonrisa.


¿Cómo mantenéis la esencia con tanto cambio en la industria?

Nos adaptamos a lo que hace falta para que la música llegue, pero no modificamos lo esencial, lo que da significado al proyecto. No nos vale hacer cualquier cosa, nos tomamos el tiempo que haga falta a fin de que cuando escuches nuestro tema, puedas decir: estos son Sweet Q. Obviamente, hacemos lo que sabemos hacer de la mejor forma posible sin apartarnos de nuestras influencias, siempre están ahí, pero hay que saber buscar tu lugar sin tener que ser el más innovador ni adaptarse a las modas. En definitiva, se trata de ser tú mismo.


¿Alguna anécdota curiosa de la grabación?

Siempre hay «accidentes felices». A veces una toma que no era perfecta, una entrada un pelín tarde, un riff inventado al paso o una voz con menos filtro terminan siendo la seña de identidad del tema sin querer, y eso surge en el momento. Por ejemplo, en la grabación de ‘No habría sido así’ de un día para otro Curro apareció con una voz de perro increíble porque había cogido frío y tenía que grabar los coros. De ahí que ese estribillo tenga tanta fuerza.


Si pudierais congelar un momento de la banda en una foto, ¿cuál sería?

En cualquier camerino, cinco minutos antes de salir a tocar. Nos verás hablando entre nervios, risas y pseudo iluminados por ese contraste de luces antes de saltar al escenario. El momento en el que todo está a punto de comenzar.


¿Qué queréis que se lleve la gente de «Que solo nos quede ganar»?

Queremos que se sientan ganadores. Que el disco les dé ese empujón para confiar más aún en ellos mismos: que aunque las cosas no salgan bien de primeras, hay que seguir intentándolo una y mil veces. El mero hecho de poder tomar decisiones ya es una victoria. Queremos que se atrevan a lanzarse a cumplir sus sueños sin esperar a que el momento sea perfecto, porque nunca sabemos cuándo llegará o si llegará siquiera. Esa sensación es la que buscamos que la gente experimente una vez que escuche el disco, una euforia contenida y un bienestar que te anime a afrontar y conseguir aquello que anheles. El título lo deja claro. Que solo nos quede ganar.

Entrevista: Andrei Lukovnikov

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