Emilia, Pardo y Bazán: «La música es juego. Nació para iluminar el corazón»

En un panorama musical cada vez más condicionado por algoritmos, etiquetas y métricas, Emilia, Pardo y Bazán siguen avanzando por un camino propio, esquivando definiciones fáciles y apostando por el riesgo, el humor y la libertad creativa. Desde su particular cruce entre pop, rock, cumbia, canción protesta y espíritu festivo, la banda ha construido un universo donde la melancolía convive con la ironía y lo político se filtra sin solemnidad.
Con un nombre que dialoga directamente con la tradición literaria y el pensamiento crítico español, el grupo ha sabido convertir esa herencia en una plataforma para cuestionar normas estéticas, discursos culturales y expectativas ajenas. Lejos de la superstición y de los rituales impostados, su motor creativo parece apoyarse en algo mucho más simple y poderoso: la fraternidad, la escucha mutua y el juego.
En esta conversación, Emilia, Pardo y Bazán hablan de su rechazo a las etiquetas, de la España que suena a zambra, cornetas y tambores, de conflictos internos tan «graves» como elegir entre cerveza o vino, y de por qué el verdadero éxito, hoy, quizá sea simplemente estar en calma.
Cuando entras en el estudio o te preparas para componer, ¿qué pequeño ritual cotidiano te ayuda a entrar en tu espacio creativo?
No tenemos rituales concretos, la verdad huimos de la superstición. Antes de llevar a cabo tareas creativas tratamos de estar muy receptivxs lxs unxs con lxs otrxs: escucharnos, querernos. Nos apoyamos mucho en la fraternidad y el sentido del humor para afrontar cada ensayo, cada grabación, cada concierto.
Su grupo lleva el nombre de una escritora clásica española con una voz crítica y feminista. Si pudieras invitarla a una conversación mientras escribes nuevas canciones, ¿qué temas le plantearías sobre música, sociedad y libertad?
Sobre música le preguntaría si está de acuerdo en que la cumbia es el nuevo punk. Sociedad que nos hable sobre las normas de protocolo en las fiestas del Pazo de Meirás. Para la libertad -que diría Miguel Hernández-"sangro, lucho, pervivo» y a partir de ahí eche a volar su mente.
Hace poco mencionaron que querían alejarse del sonido «indie» y explorar nuevos horizontes musicales. ¿Hubo un momento concreto en el que una canción les dijo «quiero ser diferente» y ustedes finalmente la escucharon?
Es difícil de concretar, tampoco se trata de ser diferente, se trata de jugar, de divertirse de no afiliarse a ningún planteamiento estético, ni género concreto. Nos resulta más apetecible no cargar con la pesada losa de una etiqueta.
Si tuvieran que traducir el paisaje emocional, cultural y político de España en un instrumento o en un arreglo musical, ¿cómo sonaría y por qué?
Como una zambra tocada con cornetas y tambores, similares a las que acompañan a los escuálidos cristos que llenan las calles en Semana Santa. Es un sonido doloroso, pero a la vez tiende a la jarana, a la hipérbole a la demagogia, a la parte más telúrica y trágica que forma parte del imaginario colectivo de un país cuya memoria duele y cuyo futuro es inciertamente doloroso.
Sus canciones a menudo capturan la cotidianeidad y la melancolía. ¿Hay alguna letra que hayan escrito y luego se hayan dado cuenta de que, más que al público, les hablaba a ustedes mismos? ¿Cómo lo sintieron?
Nos manejamos bien en la autoficción y en lo confesional, nos gusta pensar que lo que cantamos es real. No podríamos hacer música que no nos identificara.
¿Cuál ha sido el conflicto interno más inesperado durante la grabación de su último material, ese que normalmente no se menciona en entrevistas pero que cambió profundamente la esencia de la canción?
Nuestros conflictos tienen que ver con que escoger de la carta de un restaurante, si pedimos cerveza o vino para comer y asuntos similares que nos resultan capitales.
Han mencionado que «intentar complacer a todos» es una receta para el fracaso. Si tuvieran que formular su propio antónimo del éxito como concepto filosófico, ¿cómo lo definirían?
El éxito es estar en calma. Cómo se consigue sin benzodiacepinas en los tiempos que corren, es imposible de precisar.
¿Cuál ha sido el giro más extraño o imprevisible en su carrera, ese evento que al principio parecía un fracaso pero terminó convirtiéndose en fuente de libertad creativa?
Cuando dudamos si convertirnos en un grupo tributo de ABBA. Anadonamos la idea y con ella el sueño de que por fin nuestros padres estuvieran orgullosos de nosotros.
Su colaboración con Guille Mostaza en el nuevo álbum implicó un giro en el sonido. Si tuvieran que describirlo como una escena de cine, ¿qué escena fue la que él ayudó a «rodar»?
El baile a tres de «Band à Part» o el drifting de Mark Whalberg con el Nissan Skyline en Fust and Furius 1.
Frente a los retos de la industria musical actual —algoritmos, plataformas de streaming y presión por métricas—, si pudieran escribir un manifiesto personal sobre lo que la música significa para ustedes hoy, ¿qué incluirían?
La música es juego.La música nació para iluminar el corazón de hombres y mujeres.
Sus conciertos y visuales suelen estar llenos de emociones, sorpresas e improvisaciones. ¿Cuál ha sido la toma más inesperada detrás del escenario o en vivo que, según ustedes, «habla más que cualquier letra»?
Una vez grabando un video en el campo nos metimos en un coto de caza y casi resultamos heridos por la actividad cinegetica.Los cartuchos silbaron a centímetros de nuestras inocentes almas.
Si cada uno de ustedes fuera un género musical en lugar de un instrumento, ¿quién sería qué género y qué rasgo de su personalidad estaría conectado a ello?
Todos somos un poco de pop, de rock, de bachata, de merengue, de folk, de metal, de canción protesta, de cumbia, de cha-cha-chá, …Somos todo a la vez en todas partes todo.
Para cerrar, imaginen que su obra no es música sino un mensaje al mundo. ¿Qué pequeño desafío o consejo quisieran dejar a nuestros lectores que nunca han escuchado sus canciones?
«Ama y haz lo que quieras», que decía San Agustín
Entrevista: Andrei Lukovnikov
















